mundospropios

Virtual Poetry

Posts from the ‘Autores’ category

El silencio también mata (Krissia Quesney)

El silencio también mata, ¿saben? El silencio asfixia y distorsiona. El silencio frustra cuando no es después de una caricia o un beso, o previo a ello.

El silencio, menudo sentimiento regordete en la garganta de aquellos a quienes nos resulta difícil exteriorizarnos, frustración para aquel que espera una palabra de nuestros labios, para quien trata de comprendernos, de conocernos.

Los poetas, los escritores, los creativos y aquellos que sufren por dentro una maraña de batallas épicas y sin fin, todos aquellos que sufrimos de esta catástrofe del silencio gordiano acumulado en nuestro ser, haciendo presencia con una maraña de ideas, miedos y sensaciones, sabemos que una fobia solo se erradica enfrentándola.

¿Qué hay de quien desea expresar su ser? Estamos quienes no podemos contarle a los demás lo que somos, lo que pensamos, y lo que nos da batalla en nuestro interior, ¿Por qué? Si la gente común y corriente lo hace, pues bien, para esto se requiere estar roto. Roto del alma, tanto como un buen poeta nacido para ello. Roto o rasgado en algún momento de su vida, que sabe el contraste de la felicidad y la amargura, y ha aprendido a ver la vida de distinto matiz.

Hay quienes gozan del silencio, pero también estamos quienes somos consumidos por él, como una braza abriéndose paso entre la piel, el miedo que nos convierte en tartamudos quedándonos sin la palabra precisa, y con el sentimiento de que al hablar ponemos en manos de quien escucha una parte de nosotros, y temer ser destruidos.

Tunguska Electronic Music Society

Krissia Quesney

En la vía (Amellastre)

Esa mañana Juan había despertado más temprano que nunca, y deseoso de ver el día se levantó, fue a la cocina y puso a hervir el café y la vitualla; no quiso llamar a su mujer porque apenas convalecía de un dengue que la tuvo indispuesta durante una semana y puso patas arriba el presupuesto doméstico, pues hubieron de gastar los ahorros que emplumaban en el oxidado galpón de la Caja Agraria y unas gallinas y una marrana que les dieron de dote matrimonial. Eso fue lo que movió a Juan a pelarle la cara y lamerle la herida al perro zalamero del mandamás del pueblo, que lo había sonsacado a que abandonara el oficio de maestro en la vereda de Monteadentro, bajo promesa jurada de conseguirle un empleíto de mejor laya, pero eso sí, a condición de los veinte votos que le ponía por debajo de cuerda a su adversario. “No hay más de qué hablar”, le dijo entregándole un sobre membreteado en el que se leía: CONTRALORIA DEPARTAMENTAL.

   Juan desayunó y se fue a la cómoda para desarrugar el mismo gabán con que optó al rótulo de bachiller. Entonces tomó el sobre membreteado para guardarlo y sintió una especie de avispero que agujereaba su anonadada mente. Pensaba en todo y en todos cuando su mujer lo inquirió:

  -¿Dónde vas, Juan?

  -Voy a la capital

  -¿Y eso?

  -Será una sorpresa- dijo, y salió erguido.

  Llegó a la plaza y abordó un jeep, pero como demoraba la partida, tomó otro color lila cuyo chofer brincó el turno al anterior, pasando por alto las aparentes recriminaciones de su cuñada, el despachador.

  El chofer, seguro de su eficacia en la cabrilla, miró oblicua y socarronamente por encima del hombro y señalando a Juan, dijo:

  -¿Ese fue el vestido que te regalaron  cuando arreabas leche, ah profesor?

   Juan ahogando su furia, se dijo justificándose: “Mañana me hablarás en otro tono…y cuán feliz se sentirá Carmen”.  Dejó su ensimismamiento, escuchando las últimas que lanzaban  los otros pasajeros: “Que fulano se agarró dos quintos de lotería, que a mengano le robaron cinco vacas y anda detrás de los cuatreros por su cuenta y riesgo, que perensejo raptó a la hija de zutano y seguramente no le harán nada pues su tartabuelo puso el primer adobe para el edificio consistorial”, y un sartal de nuevas de las que estaba en el limbo, y de las cuales tampoco quería saber nada, tal vez porque ese rumoreo lo pondría a él sobre el tapete. “De suerte que mi mariposita verde no ha revoleteando en los oídos de éstos”, pensó. Iba a encender un cigarrillo cuando el carro trastabilló por el resalto de arena y cascajo y por poco se vuelca.

  -¡Conduce con cuidado!- le dijo Juan al chofer

  -¡Échale la culpa a otro!-respondió éste.

  El sol que apenas despuntaba, desplegó sus abrazantes rayos por toda la llanura y la brisa veranera hacía del polvo espesos torbellinos. Los pasajeros iban casi asfixiados y tomando a satanás por sus estribos, unas veces acuciaban al chofer para que acelerara un poco más y otras le pedían que mermara, amedrentados por el mal estado del camino. Juan pensó: “Debí decirle a mi mujer el motivo del de mi viaje a la capital para evitarle preocupaciones… En estos días de su concepción tiene los nervios de punta”. El chofer paró un momento el vehículo para comprobar sus sospechas de que una pata  cauchera iba falta de aire. Buscó el fuelle debajo del cojín e infló la llanta hasta dejarla que apenas besara la superficie. Los tripulantes no protestaron por la demora porque al momento se embelesaron mirando el espectáculo aéreo de dos aves que se disputaban una mortecina, lo cual contagió también al conductor, impidiéndole zigzaguear el impacto del camón carga-ganado que venía bandeándose en los altibajos de la vía.

  “Cinco muertos, dos heridos y tres ilesos en aparatoso accidente”, informó el noticiero del mediodía, mientras Juan deliraba: “Esas avispas me pinchan… me recriminarán… mija tráeme esa carta… cógela… quítasela a esos esqueletos que tengo mucho frío…”.

   Y en el pueblo del cacique Chincé no había más comidilla que el accidente. “Esa es la vida”, decían algunos. “La venganza divina”, sentenciaban otros, ateniéndose a que el chofer se había robado el turno. En tanto, el resto cargaba la culpa a los gamonazos que, desde la guerra de los Colorados, en la que la patrona del pueblo impidió su destrucción sacando los arroyos de madre y trocando las municiones de los enemigos por balas de algodón, le habían prometido sucesivamente a la gente que lustrarían la carretera. “Después de las elecciones se pondrá en marcha el proyecto”, recordaba todo el mundo.

  Pero como esa misma bandera el sindicato de choferes incitó a la población para que dejara la majadería de ir a las urnas electorales a depositar su esperanza ciento cincuenta mil años frustrada con el mismo cuento, sólo que quienes lo referían se turnaban para amañarlo. De modo que al día siguiente vomitó las lombrices de su odio en el entierro conjunto en el que todos los choferes desfilaron hacia el camposanto en sus vehículos con guirnaldas moradas en forma de hoz, colocaron una llanta al rojo en la puerta de la capilla y pidieron la cabeza del parlamentario que durmió su ineptitud en la silla senatorial, después de haber prometido que con su vox pópuli astronaría las instalaciones del Congreso y “desvestiré a la bruja emperifollada de la democracia para que todos sepamos de su olímpica embriaguez”, había dicho en uno de sus momentos más inspirados.

   Carmen también asistió al sepelio vestida de medioluto. Aquellos actos suscitaron su fantasía y, en un acceso de miedo, pensó, tocándose la barriga: “Ay, mijo. ¡Casi naces póstumo!”

   A su vez, Juan, en su desvencijada camilla del Centro de Salud Regional, sentía el avispero de la culpa en su conciencia de maestro sonámbulo: “…Esa corbata de plumas de pavo real larguísima se mueve juguetona… Subo unas escalas alfombradas con hojas de mil colores… ¡diablos!… esas enredaderas me impiden el paso…”, soñaba pesadamente.

(Ammellastre)

El carretillero (Amellastre)

 

“Ya me voy, hijo… Sólo te encargo que trabajes y veles por tus hermanos… Eso sí, pobre pero con la frente en alto”, recordaba que le había dicho su padre en el lecho de muerte. De eso hacía más de veinte años, y en los oídos de Don Rodri retumbaron intactas esas palabras, cuando tuvo que arrear el burro hacia el pueblo de Solosueño. “Empezaré vendiendo agua con las colgaderas de bejuco y los calabazos… Ya veré como me hago a una carretilla metálica”, fantaseó, una vez en el pueblo. Había pensado verse la suerte en las barajas, pero su mujer lo disuadió con el triple cuento de los pájaros preñados, la rana con pelos y la puerca que ponía huevitos de oro. “A veces hay que creer, mija”, le había dicho, pero la Señora Mayo no le dio oportunidad de explayarse en persuaciones… “Tu sabes que la suerte la lleva una pintada en la frente, y que sólo basta con que pienses una cosa de una vez, si o no, y te tocas la frente; si está caliente, puedes desistir por completo”, sentenció cual vieja maga medieval. “Y los asaltos de brujas, los pasos encantados, los silbidos misteriosos, las cumbiambas en los árboles, las posesiones diabólicas, los pactos saturninos, los filtros y oraciones de amor, los maleficios, los talismanes…”, pensaba embebido Don Rodri, cuando se despabiló y dijo a su mujer:

-¡Uf, mija! Mejor me voy a echar el agua.

  Buscó el burro que tenía sogueado al totumo, cogió las aguaderas y salió para el pozo público “El Trébol”, donde se volcaban, desde la madrugada, hombres, mujeres y niños al sagrado ritual del abastecimiento.

  Así trascurrieron muchos días para Don Rodri, hombre de medias palabras, paso firme y balanceado y cara de tuquémeves, a quien, después de todo le pareció festivo el colorido y el jolgorio de los aguateros en la loma de aquel mítico estanque, del que, desde el primer día, había oído decir:

  Todo el que de aquí ha de beber, peligra si es forastero.

  Se queda porque se queda, si bebe el agua de El Trébol.

  Después supo que el que tal había cantado era El Galvanero, ese poeta de la mañana que había convertido en arte el rítmico tintineo de los galones en su torneada balanza de guayacán, y con quien trabó más tarde una honda y duradera amistad.

  Creció la clientela, y vino la carretilla metálica. Entonces en las calles de Solosueño no se escuchaba más que el coro de la bonanza: “A mi me echa uno, a mi me llena el tanque, que si puede llevar tres, que se acuerde que van a  “vaciar la planta…” Y Don Rodri cumplía, trabajando como un buey.

  El último sábado del séptimo mes se desocupó temprano. se empaquetó pulcramente y se dirigió al salón de billares “La Gruta del Destino”. Allí se encontró con su compadre Luis –por arte y oficio llamado Mataconejo-, quien lo instó a jugar un chico y a tomarse una fría. Pero más que a jugar, se dedicaron a conversar, siendo el compadre Luis quien interrumpió una jugada decisiva para preguntarle:

    -¿Desde cuándo no va a misa, mi compa?

  -El trabajo es mi religión, compadre- respondió, confirmando su respuesta con un movimiento persistente de cabeza y un gesto de profunda convicción.

   -Usted es un esclavo- señalo Luis.

   -Soy un hombre de kilates- aclaró Don Rodri.

   Luis, hombre tranquilo y respetuoso, prefirió apartarse del tema y continuar jugando, hasta cuando el reloj público marcó las dos de la madrugada, y el propietario les pidió que entendieran que ya no eran tiempos de estarse pasando de las guardarrayas. “Ahora hay que andar como quien embalsa un arroyo por una cuerda”, les dijo al momento que cada uno salía para su casa.

    La Señora Mayo, que no había pegado el ojo, estuvo alerta a la llegada de su marido. Le abrió la puerta, le sirvió la comida y le ofreció un alkaseltzer con agua de limón. Esa madrugada, en medio del cenagal de la embriaguez, Don Rodri experimentó un leve picazón de conciencia. “¡Diez hijos!”, recordaba, mientras hacía el amor, que había exclamado el boticario, cuando fue a comprarle unos medicamentos para el último parto de su mujer. “Yo podría ayudarlo”, le dijo. “Puedo tener veinte”, ripostó él… “Los hijos son la herencia de la humanidad, la ley de la especie”, confirmó victorioso, al tiempo que el boticario le preguntó si era casado por la Santa Madre Iglesia, y él, aguerrido le contrarió:“El matrimonio es la carretilla de hueso con que la iglesia llena los estanques de su Fe, pero mi mujer y yo, todas las noches le hacemos aguaderas de bejuco ahorcavaca al amor”. “Hoy se habla de planificación, de ética marital”, se atrevió a decir el boticario, quien, convencido de que no iba a derribar esa atávica argamasa, le entregó los medicamentos. “Ya habrá parido su mujer”, le dijo.

   El lunes, como de costumbre, Don Rodri sacó la carretilla, bien de madrugada, para cumplir con los avances antes del amanecer. Pero ese día, ni las coplas del Galvanero, ni los chistes y anécdotas de Homero Solá –esa legendaria cantera de humor popular- lograron sacarlo de su recogimiento. Silencioso, pausado y firme iba por los arenales de Solosueño, todo vigor, a pesar de sus cincuenta abriles, pero con el escozor de un mal presentimiento. “¡Oh Trébol legendario! ¡Oh aguas cristalinas! ¡Laguna encantada!”, pensó, recordando la bella inspiración del ciego Adriano Salas. Y en esas iba cuando, al pasar por la Esquina Caliente, uno de los muchachos sin oficio le hizo la pregunta:

   -Ah, Don Rodri, como que van a cegar El Trébol?

   -Eso mismo oí en la Gruta del Destino- dijo con cierto dejo de nostalgia y desfallecimiento.

   -¿Y eso ?- preguntó otro de la patota.

   -Dizque para una cancha de fútbol- contestó socarronamente.

    Y en efecto, al mes de saberse la noticia desapareció por entero la aguada pública. ¡Adiós ceibas, tréboles, tarullas encantadas y rumor popular! Las máquinas Caterpiller y las motosierras dieron buena cuenta de todo. Solosueño necesitaba progreso y, para ello, había que empezar tumbando y secando los mitos. “Ya morderán y consentirán el freno cuando vean tamaña obra de ingeniería”, había dicho el Alcalde, en metáfora de doma, al grupo que se oponía al proyecto. “Solosueño requiere de grandes inversiones, y nada mejor que una Plaza de mercado de esta envergadura”, sostuvo el burgomaestre, indeclinable.

   Así lo entendió Don Rodri, y así lo expreso cuando lió los cachivaches y cargó con su arria de muchachos para el hermano país vecino, dejando atrás una densa bruma de recuerdos. Solosueño era un carnaval, una fiesta perenne, y las señas de las corralejas sonaban con pólvora a las doce meridiano, desde el veinte de julio. Eso lo sabía bien Don Rodri, y contra ello fue que se manifestó. “Quedarse es comerse a dientes con el redil, compadre”, le dijo a Luis, ya en el camión que lo transportaba, al tiempo que se reclinaba en el gastado cojín. Y en los altibajos de la vía y los resaltos del entresueño, volvió a traer a la conciencia el caballito de batalla de los consejos de su padre. “La lucha más difícil para el pobre es la de sostener su honradez”. En eso iba abstraído, y mientras trataba de dibujar su porvenir en una tierra tan llena de leyendas y épicos relatos de emigrantes, el camión llegó a la terminal… Ahí fue donde la Señora Mayo pudo comprender, al fin, toda la profundidad y el realismo del pensamiento que se había estado anidando en su mente, y que ahora se abría paso como agua de “llorado”. El único amor puro es el amor de Dios, sí. Y el único posible, sí. Porque es el único que se da unilateralmente… Se lo ama a cambio de nada, y mientras más fiel es el amor, menos se espera de El favor alguno”, pensaba, y por un momento se sintió sacrílega, pero eso era lo que la matemática elemental de su conciencia arrojaba como resultado. Tomó al niño en los brazos y se puso a contemplar la desértica llanura costanera, mientras Don Rodri se abanicaba desesperadamente con su panameño blanco, en los altibajos de la carretera Troncal.

(Amellastre)

El universo en él (KrissiaQuesney)

Él, una razón más para creer en la magia. Un motivo más para sonreír por la mañana, y para añorarlo por la noche.
Él, quien con su abrazo juntó todas mis partes rotas, quien con su beso aminoró mis miedos, y con su sonrisa arrulló todos mis silencios, y me engordó los sentimientos.
Él, se los presento, quien juntó las estrellas del cielo y las encendió en mi habitación. Que se apasiona conmigo,pues yo lo calmo,pues yo lo alivio. Mi refugio,mi lugar favorito.

Y es que mis demonios no podían ser mas inquietos, y les llego él, con su infierno, y a mis ángeles con su cielo.

Y nos vamos de la mano, por las hermosas veredas de nuestros silencios, esquivando ensuciar la complicidad de nuestro tacto, por ahí, debajo del cobijo de la oscuridad, con algo más que no sean nuestros labios.
Sepa usted que el universo tiene lugar en él, con sus miles de galaxias en esos intensos ojos, y todas las estrellas en su sonrisa,y la maravilla de su oscuridad, eso que hace de él lo que es,su ser. El reverso de esa sonrisa, de esa persona, también la amo.
Acaricia con sus dedos mi rostro, me desordena. Me revolotea el pensamiento, aún estando tan lejos.
Si tan solo él sintiera lo feliz que me hace…

Krissia Quesney

I Lowe You (karengajda)

Einmal im Jahr treffen sich die Mitglieder des Gemeinnützigen Vereins Lowe-Syndrom e.V. Es werden Informationen und Erfahrungen ausgetauscht und Spezialisten eingeladen, die zum Stand der Forschung oder zu wichtigen Aspekten der Krankheit berichten.

Am letzten Wochenende im Oktober dieses Jahres hatte ich die Ehre, als Dolmetscherin an diesem Jahrestreffen teilzunehmen. Als Gast war der Vorsitzende des spanischen Vereins, Dr. Manuel Armayones Ruiz von der Universität Oberta von Katalonien, eingeladen worden. Hauptthema war der Beitritt des deutschen Vereins zur Europäischen Lowe-Syndrom-Vereinigung.

Bei der Vorbereitung auf diese Aufgabe war mir ein wenig mulmig zumute. Ich hatte noch nie etwas vom Lowe-Syndrom gehört, geschweige denn mich mit der Thematik beschäftigt. Also machte ich mich kundig.

Ich suchte bei Wikipedia und landete schließlich auch auf der Seite des Vereins http://www.lowe-syndrom.de. Das Lowe-Syndrom ist eine genetische und daher vererbbare Erkrankung. Die Symptome erscheinen wie ein Sammelsurium – als seien sie von allen möglichen anderen Krankheiten geborgt. Es gibt keine zwei gleichen Krankheitsbilder. Jeder Betroffene ist ein bisschen anders. Das reicht von Grauem Star über Schädigungen des Gehirns und des Zentralnervensystems bis hin zu Muskelschwäche und Niereninsuffizienz, wobei zwischen den Jungen immer wieder gewisse Ähnlichkeiten bestehen.

Am ersten Tag des Treffens, bei dem es erst einmal um organisatorische Dinge ging, lernte ich Ronny kennen. Während die Erwachsenen tagten, spielte er vergnügt und ausdauernd in der aufgebauten „Kuschelecke“ mit den Lichtern einer Lampenkette.

Für den zweiten Tag waren Spezialisten eingeladen, die Aspekte der Krankheiten näher erklärten . Kristin Brandt von der Universität Hamburg sprach über die Genetik dieser Krankheit. So lernte ich, dass sie praktisch nur bei Jungen auftritt. Beim Lowe-Syndrom ist das X-Chromosom defekt. Während Mädchen normalerweise noch ein zweites funktionierendes X-Chromosom besitzen, weshalb sie keine Symptome zeigen, aber durch Vererbung die Krankheit weitergeben können, tritt sie bei Jungen voll zutage.
Leider ist das Lowe-Syndrom, wie auch viele andere der weniger bekannten oder seltenen Krankheiten, nicht interessant für die Pharmaindustrie. So wurden jetzt z.B. auch der Uniklinik Hamburg die Gelder zur Forschung am Lowe-Syndrom gestrichen. Außerdem gibt es wenig Förderung für die Selbsthilfegruppen bzw. Vereine, weswegen sie für Unterstützung jeder Art dankbar sind, sei es eine Geldspende oder eine Aktion.

Frau Dr. John referierte zur Zahnhygiene. Oftmals brechen die zweiten Zähne schon durch, wenn die Milchzähne noch nicht ausgefallen sind. Dadurch entstehen Fehlstellungen, die eine gründliche Zahnhygiene nötig und besonders schwierig machen.

Das Orthopädische Zentrum der Uniklinik Dresden folgte nicht der Einladung.

Dr. Manuel Armayones Ruiz erklärte die Vorzüge eines europäischen Netzwerkes und warb für den Beitritt zum europäischen Verein. Der Austausch von Erfahrungen und Informationen über eine gemeinsame europäische Plattform ist leichter sowohl für betroffene Familien als auch für forschende und behandelnde Ärzte, die oft weniger über die Krankheit wissen, als die Familien, die 24 Stunden am Tag damit leben.

Der anschließende kleine Rundgang durch das Stadtzentrum war sicher nicht nur für den spanischen Gast interessant. Am Neustädter Markt vor der Frauenkirche war ein Flügel aufgebaut worden, dessen Klängen vor allem die Kinder hingebungsvoll lauschten…

Ich wurde herzlich von den Familien, die aus der Schweiz, aus Österreich und aus ganz Deutschland gekommen waren, aufgenommen und fühlte mich sehr wohl in ihrer Mitte.

Die Kinder, obwohl manchmal etwas eigenwillig, sind sehr verspielt, liebenswert und auch liebebedürftig und verschmust.

Diesen Kindern und deren Familien zu helfen, ist Anliegen des Vereins. Um dies in Zukunft noch effektiver tun zu können, wird perspektivisch das Hauptaugenmerk auf dem Beitritt zur europäischen Lowe-Syndrom-Vereinigung liegen, denn nur gemeinsam sind wir stark. Mit diesem europäischen Verein soll die Forschungsarbeit zum Lowe-Syndrom vorangebracht werden und damit letztendlich eine bessere Lebensqualität der Lowe-Syndrom Jungen und ihrer Familien in der Zukunft abgesichert werden. Dies geschieht alles unter dem Motto „I Lowe You“.

Karengajda

In honoris (Amellastre)

 

Tan bien, tan bien trató el gobernador a sus ex colegas, que el emérito maestro dijo, elocuente y altivo, a su esposa:

    – No debe haber un sólo pórtico en toda la circunscripción, en el que falte una estatua en honor a nuestro eximio dignatario.

Tomó aire, y se echó, pleno y triunfante, en la vieja mecedora de mimbre.

    – ¡Bravo!- exclamó la recelosa pensionada, batiendo palmas, al tiempo que acotó con celebridad: ¡Sólo que lleven una mecha encendida en el follelle!

(Amellastre)

A la orden del día (Amellastre)

 

      A Fermín, in memoriam

Un olor extraño apestaba el ambiente pueblerino. Católicos y protestantes habían visto en el parque a los cuervos de mirada felina y volar altanero, cuando se posaron en el viejo olivo de la iglesia.

Una flor marchita se deshizo, pétalo a pétalo, en la mano viril de Juan. Su madre se incomodó, pero se quedó cabizbaja, cavilando en la situación de la vida y en los cambios repentinos que había experimentado el país. Sólo se le ocurrió decirle: “¡Cuídate, hijo!”, mientras se dirigía al cuarto de oraciones. Juan no prestó mayor atención a su madre, y se echó en la descolorida hamaca con aire resuelto…

La noche se vino con un ligero frío de transparencia invernal. Juan se acostó en su sudada hamaca, y minuto a minuto, pensaba en las chácharas magisteriales…

Trece impactos certeros en el rostro, desfiguraron para siempre todo el cúmulo de experiencias e ilusiones…

(Amellastre)

.

Tunguska Chillout Grooves X

Tunguska Electronic Music Society

Denk an mich (Karengajda)

Texto original en español en mundospropios.com

Erzählung von  Ricardo Gálvez

 

“Denk an mich, wenn du küsst,

denk auch an mich, wenn du weinst”.

Ich hörte dieses Lied in einer Kneipe dort in Guatemala. Es war einer dieser Orte, die es in den Tropen im Überfluss gibt und die alle Art von Leuten und von unglücklichen Seelen aufnehmen, die durch das Leben gehen, um irgendetwas Unvollendetes, Namenloses zu suchen. Die vier Wände waren mit den verschiedensten Postern und einigen Bier-Reklameschildern bedeckt. Auf dem erdigen Fußboden standen Holzbänke und –tische. Das Licht schwach und wie kränklich, rauchbedeckt; und im Hintergrund des Raumes etwas, das man die Bar nennen könnte, die von einer nicht mehr jungen Frau bedient wurde. An einer der Wände lehnte die Musikbox, von der wie fremde Luft die Noten dieser Melodie ausgingen, die mich unverzüglich an einen anderen Ort und in eine andere Zeit meines Lebens versetzte.

Das Jahr, in dem ich am Gymnasium begann, war für mich ein begnadetes Jahr. Bei allen Schreckensvisionen, die mir danach kommen würden, diese Zeit hinterließ einen Geschmack nach Weib zwischen den Lippen. In den Händen kann ich immer noch dieses Beben des Anfängers spüren, der sich an eine fremde Haut klammert, und das Verlangen kehrt zurück, um sich in jeder Faser meines Körpers festzusetzen, der jetzt in der Abwesenheit gefangen war. Sie hieß Mirna. Sie war das Produkt einer Krise, die sich in meinem Land zuspitzte und die Stück für Stück ihre Zeichen des Schmerzes und des Todes in den ländlichen Gebieten setzte. Dem bewaffneten Konflikt geschuldet hatte ein großer Teil dieser Bevölkerung in die Hauptstadt emigrieren müssen, nur mit dem, was man am Leibe trug. Die einzige Hoffnung für viele junge Leute war, wenn man das Hoffnung nennen konnte, sich in die Reihen der Armee einzugliedern und zu überleben, oder sich in die Eroberung des amerikanischen Traumes zu werfen, was in diesen Zeiten durch die steigenden Kosten der Verantwortlichen bei der Realisierung schon schwieriger zu werden begann. So erschien Mirna. Eine Frau von circa 30 Jahren, die vor dem Krieg fliehend hier angekommen war. Sie war eine schöne Frau. Sie besaß den Zauber des Abends im Laubwerk und der Anblick ihrer Wimpern, die zwei von warmem, weizengoldenem Sonnenlicht eingehüllte Augen krönten, nahm mich plötzlich gefangen. Ihre halbgeöffneten Lippen erschienen im Zentrum meiner Jugendlichkeit mit der Kraft von zwei roten Wirbelstürmen, die jeden einzelnen Sekundenbruchteil mit Blut und intensivem Pochen füllten. Als ich sie das erste Mal sah, trug sie ein schlichtes rotes Kleid, das mit Kraft den Glanz ihres langen schwarzen Haares reflektierte und ihre weiße Haut betonte. Sie war eine unerreichbare Sonne. Sie und ihr Mann nahmen Quartier in einem der Zimmer des Gasthauses, in dem auch wir seit Jahren wohnten. Das Gasthaus war ein riesiges Grundstück – Eigentum von einigen Türken – auf dem diese einige Blöcke mit Zimmern von 25 Quadratmetern erbaut hatten. Viele Jahre vorher war es als Unterkunft genutzt worden für die Angestellten eines riesigen Warenhauses, welches ebenfalls Eigentum der Türken war. Und auch die Kaffeepflücker der benachbarten Farmen waren für die Zeit der Ernte dort geblieben. Nun beherbergte es ganze Familien, die dort ständig wohnten und wo mein Vater viele Träume baute und meine Mutter meine kleine Schwester zur Welt bringen sollte.

 

Reynaldo, Mirnas Ehemann, war Mitglied der Armee und arbeitete als Kurier im Militärkrankenhaus. Er war klein, dunkel, etwas stämmig und hatte kurzes schwarzes Haar, und immer bei allem einen finsteren Blick. Ich glaube, dass die Erfahrung des Krieges sein Misstrauen hatte wachsen lassen, was er sehr gut verbarg, so dass er immer lächelte und er zeigte sich als Witzbold, was ihn noch unberechenbarer und gefährlicher machte. In Wirklichkeit hatten wir Angst vor all diesen Leuten, die aus dem Landesinneren zum Gasthaus kamen. Es waren merkwürdige Menschen und die meisten standen den unheilbringenden Sicherheitskörpern und den zugehörigen Organisationen des sogenannten ORDEN nahe, was als Beginn der schrecklichen berüchtigten Todesschwadronen angesehen werden konnte. Das Zimmer des Paares ging nach vorn auf eine Art Mauer, die als Schutz diente, um nicht auf einen Steilhang herunterzufallen, der durch Niveau-Unterschiede gebildet wurde, und wo ein Materiallager des Bildungsministeriums untergebracht war. Ich wohnte zusammen mit meinen Eltern und meinen Geschwistern gegenüber der Waschanlage im ersten Zimmer des Blockes, der senkrecht direkt auf den Gang des Blockes mit den Räumen der neuen Nachbarn ging. Sie wohnten in einem der Zimmer fast in der Mitte des Blocks, und um zu den Waschplätzen, Toiletten und Gemeinschaftsduschen zu gelangen, die sich an jeder Ecke ihres Blockes befanden, mussten sie sich durch einen engen Gang in die Richtung bewegen, wo ich mich den größten Teil meiner Zeit an den Morgen aufhielt, mit anderen Worten – vor meinem Zimmer. Mein Vater war Arbeiter und arbeitete seit Jahren in einer Textilfabrik, aber er hatte auch eine Art Tischlerwerkstatt, in der mein Bruder und ich manchmal mithalfen. In Wirklichkeit war die Werkstatt nicht mehr als eine große Arbeitsbank, die sich in einer Art Korridor befand, der aus jedem Block hervorragte, aber aus irgendeinem Grund wurde er in dem Block, in dem sich das Zimmer der Familie befand, von den Nachbarn als Hof genutzt. Dort, auf dieser Bank bearbeiteten wir einige lange Leisten aus Zedernholz, die wir danach in Stücke schnitten. Daraus machten wir Rahmen für Fotos oder andere Bilder, die meine Eltern später auf den Märkten verkauften.

Es vergingen nicht viele Tage, bis ich Kontakt mit dem Paar hatte. Sie waren neugierig und gezwungenermaßen mussten sie sich meinem Platz nähern. Reynaldo zögerte nicht, einige Worte mit mir zu wechseln, war ich es doch, der die meiste Zeit an der Bank verbrachte, da mein Bruder schon begonnen hatte, in einem Fotostudio zu arbeiten, wo er Negative retuschierte. Diese Aufgabe erledigte er am Anfang zu Hause, aber zunehmend nahm sie mehr Zeit in Anspruch, bis er mich schließlich allein ließ, denn er musste zum Studio, um dort zu arbeiten. Diese ersten Kontakte beschränkten sich auf ein „Guten Tag!“, „Wie läuft die Arbeit?“, „Bezahlt dich dein Vater gut?“ und fast alles von Seiten Reynaldos, während sie direkt zum Duschhäuschen ging oder sie verweilte an den Waschplätzen, um ein bisschen Wasser zu holen oder etwas zu waschen. Ich sah sie mit Diskretion an, konnte die Linien ihres Körpers unter der Kleidung erahnen, und das erregte mich, machte mich nervös. Als sie frisch geduscht an mir vorbeiging, breitete sich überall der Duft frischer Haut aus und ich atmete kräftig ein, wie um sie aufzusaugen, sie zu besitzen in dieser Absorption, die mich zu unbekannten Orten brachte. Und es wurde dauerhaft und ersehnt an meinen Morgen. Oder die Blicke von meinem Arbeitsplatz aus, die den Korridor bis zur ihr durcheilten. Vor ihrem Zimmer ließ sie die feuchte Kleidung über der Mauer trocknen. Im Institut blieb sie auch nicht unbedacht, sie war mir allgegenwärtig und die Nachmittage zogen sich ewig hin. Ich sah sie dort, zwischen diesen Sachen der Studenten, diesen Zahlen und Logarithmen und Wirtschaftssystemen und Pausen. In all diesem, das mir so nichtig und unbedeutend erschien, unerträglich bei der Erinnerung an ihre Brüste unter der weißen Bluse, die sie an diesem Morgen trug.

Sie begann, sich meiner Blicke bewusst zu werden und der Nervosität, die ihre Anwesenheit bei mir provozierte. An einem dieser Morgen, während sie ihre Wäsche wusch und ich sie aufmerksam beobachtete, drehte sie sich langsam zu mir um, und aus irgendeinem merkwürdigen Grund lächelte sie mich an. Sie legte ihre feuchte und frisch gewaschene Kleidung in eine Schüssel und zog sich bis zu ihrem Zimmer zurück, um die Wäsche aufzuhängen. Ich verbarg das Gesicht. Ich war beschämt und wusste sehr gut, warum. Später, in den folgenden Tagen, löste sich alles. Die Häufigkeit, mit der sich unsere Blicke trafen, wuchs jedes Mal an, und mein Bedürfnis, sie in irgendeinem Millimeter des kleinen Sektors zu treffen, in dem wir uns bewegten, wurde unendlich. Sie spürte es. Sah mich an. Lächelte. Bis ich eines Nachts, als ich von der Straße zurückkehrte, sie beim Wäsche waschen antraf. Sie drehte sich ein wenig verwundert um, nicht erschrocken, und als sie mich sah, lächelte sie. Ich wusste, dass Reynaldo nicht auf seinem Zimmer war, weil ich ihn um die gleiche Stunde hatte gehen sehen, wie an jedem Tag in dieser Woche, und ich folgerte, dass er in der Nacht arbeiten musste. Der Ort, wo wir uns trafen, vor dem Zimmer der Familie, war nur schwach beleuchtet durch einen Reflektor von mittlerer Stärke, der an einem Pfahl etwas abseits vom Waschplatz angebracht war, und die überstehenden Teile der Duralitplatten, die das Dach bildeten, ließen den Ort, an dem sie wusch, im Dunkeln. Ich war ein Teenager, aber stark. Ich näherte mich ihr entschieden und meine Arme umschlangen sie. Ich konnte ihre Atmung dicht an der meinen spüren, während ich sie küsste. Meine Finger verwandelten sich bald in wundersame Amulette und Komplizen meiner Wünsche, und erforschten gierig die verborgenen Orte ihres Körpers unter der Bluse und dem Rock. Sie hielt mich zurück und sagte: „Wir werden uns lieben, aber erzähle es nicht deinen Freunden.“ Ich antwortete nicht, und ich tauchte in das Paradies ihres Duftes und ihres Körpers ein.

Die Tage, die auf diese Nacht folgten, waren wunderschön. Ich lernte, spielte mit ihr und wuchs. Ich lief wie auf Wolken. Meine Mutter argwöhnte etwas, aber sie schwieg. Schon immer waren wir Komplizen. Wir waren glücklich und alles koordinierte sich über die Stundenpläne. Ich hätte in dieser Zeit bleiben und sterben sollen. Ich hätte dort zwischen ihren Schenkeln bleiben sollen, für immer. Ich hätte die Richtung des Unwetters ändern sollen, das sich mir näherte. Aber das Leben ist das Leben, sagten die Großeltern. Ich hätte in dieser Melodie „Denke an mich, wenn du küsst, wenn du weinst, denke auch an mich“ verweilen sollen, die aus einem fernen Radio tönte, während wir uns liebten und die Gefahr herausforderten. Mein Vater liebte meinen Bruder unendlich, immer bevorzugte er ihn. Als wir ihn aus einer Betonplatte in einer von der Hauptstadt entfernten Zone holten, sah ich ihn fassungslos, und während der Beerdigung sah ich ihn weinen wie einen verlorenen Jungen, und ich hörte ihn mit Gott sprechen, ihn um Erklärung für das Vorgefallene bittend, ein Bild, das sich Jahre später wiederholte, als der andere meiner älteren Brüder ermordet wurde. Mirna und ihr Mann gingen in den folgenden Monaten. Die Dinge lagen auch für sie nicht so gut, und es war gefährlich, weil die urbane Bewegung sie schon entdeckt hatte.

Jetzt ist es windig. Ich fühle den Wind zwischen den Tischen herumstreichen. Es gibt draußen Lärm und es scheint mir ein Vogel zu sein. Die Vögel singen in der Nacht, und sie tun es, weil sie Prophezeiungen haben. Die vom Morgen kündigen den Tod an. Zwischen meinen Fingern beginnt sich eine Spirale aus Rauch zu erheben, um sich dann in der Laune des Windes aufzulösen.

Übersetzung: Karen Gajda

No me preocuparía (Krissia Quesney)

 

No me preocuparía desgastar mis labios, siempre y cuando fuera pronunciando un Te amo. Tampoco me molestaría perder la razón un poco, volverme un tanto loca otro poco, si mis locuras tuvieran ocasión en tus días, en tus noches.

No me preocuparía de pelear con mis demonios internos, siempre y cuando ellos ganen cuando de robarte un suspiro se tratase…

No me preocuparía si con tu mirada se me entrecortara la respiración, ni siquiera un poco aun cuando mis sentidos perdieran el control, siempre y cuando el pretexto de tu mirada sea únicamente descifrarme…

No me molestaría, no realmente, el hecho de que me necesites, en medida de lo que me ames, porque sabría que hay algo en mi que a ti te parece indispensable.

No me preocuparía de entregarte el alma en mis besos, ni terminar en el fuego de este juego quemándome de amor…No, ni un poco.

Me preocuparía tener que extrañarte algún día, lanzar mis suspiros al viento y no saborear tu gélido aliento, odiaría aún más que preocuparme el hecho de no alcanzarte, tener que perseguirte sin derecho a reclamarte. Me molestaría gravemente siquiera imaginarme que jamás te tendría, o que tenerte a milímetros de mis labios y respirar tu aliento sea solo una más de mis fantasías…

 (Krissia Quesney)

A él (Krissia Quesney)

 

Le había dicho ya muchas veces a mi corazón lo lejos que debía estar del amor. Triste, pero real. Es que no es fácil lidiar con las heridas del pasado, cuando estas han sido tan profundas. Te levantas, sí, pero las cicatrices quedan, y cuando estás por cometer el mismo acto, te la piensas dos veces, aun cuando sea algo bueno.

Lo cierto es que, fríamente, había dicho adiós al hecho de enamorarme, sin saber que ya estaba hundida en ese sentimiento. No lo sé, creí en la frase que dice ”repítete una mentira mil veces hasta que sea verdad”.

Y que todo nazca de una amistad, que siempre fue tan incondicional y diferente a las demás, es aún más maravilloso. Y aun habiendo errores en el trayecto, de eso se trata vivir.

Y se siente extraño decir que hoy he caído rendida a sus pies, que es él quien ha podido llegar a ese corazón amurallado y asustado.  Es extraño saborear un nuevo amor, pero sobre todo más extraño aún verlo todo tan diferente, tan sincero, tan tranquilo y ver una versión propia tan diferente. ¿Es que acaso he madurado? ¿o tal vez él revolucionó todo en mi ser?

Y aunque es temprano para decirlo, le agradezco por mostrarme esta versión del amor que yo no conocía, una versión bonita, tranquila y protectora, diferente de la destructiva.

Aunque es pronto, le quiero.

Aunque es inexplicable, le extraño.

Y aunque seamos nuestros, no nos poseemos.

A él le agradezco por mi sonrisa.

(Krissia Quesney)

Deine Stimme (karengajda)

Texto original en español en mundospropios.com

Erzählung von Ricardo Gálvez

Wieder deine Stimme am Telefon. Und sie klingt mir fantastisch und fern zugleich. Die Erinnerung ereilt mich wie der Mittelpunkt einer Linse und sie sinkt in jeden Winkel des Hauses, das ich bewohne, langsam, bis es mich am Ufer eines Flusses findet, in dem Tausende von Toten wohnen. Dort kauere ich mich zusammen, um zu warten, dass die Akzente des Ostens in die Nacht eindringen, in meine jedes Mal weniger dunkle Nacht. Ich will mich dir durch die Lichter nähern, die schlaflos in diesem Hof der Tropen wandeln. Von fern höre ich die Grillen mit Traurigkeit von den jüngsten Regenfällen singen, die Dörfer verwüsteten und eine Marke von Hunger ließen, tiefer als der Tod selbst. Die Sterne, hoch oben, schlängeln sich und spielen mit dem Laster, Versprechungen zu tauschen, während eine Schaluppe zwischen Schatten wasserabwärts fährt. Der Wind, immer der Wind, Hüter der eiskalten Schläge des Nordwinds, verweilt und trocknet manchen Fluss, den mein Antlitz gebar.

Du kommst jede Nacht für fünfzehn Minuten, und alles entflammt. Die Feuchtigkeit der Erde, die vorher meine Brust besetzt, verwandelt sich, und beim Kontakt mit der in jedem Wort eingeschlossenen Wärme löst sie sich in diesen fünfzehn Minuten. Es wird eine fremdartige Blume geboren, die den Altar in einen Ort wandelt, der sie wiegt, und es ist derselbe, der ein und tausendmal durch den Zorn eines Zyklus von Krieg und Schreien zerstört wurde. Deine Stimme, wie ein Leuchtturm, wie der winzigste und genaue Raum, den meine Zeit einnimmt, sie verwebt sich mit jeder Spur des Schattens und lässt meinen Glauben zu einem wahren Licht wachsen. Du kommst warm mit ihr, mit deiner Stimme, welche die Gründe des Weizens vorhersagt und das Lachen birst in meinem Mund. Deine winzige Stimme, und gigantisch zugleich, wenn sie an meinen Lippen anlegt und die Furien schweigen lässt, von ihnen aufgewühlt.

Bleib noch ein Weilchen. Werde ewig und lass diesen von den Schatten umarmten Platz sein Imperium von Brot und Faust zurückerobern, geflochten in eine Legende, die von Blumen spricht, die aus der Brust von riesigen Kämpfern sprossen. Schreibe deine Geschichte in mir, lass mich der Raum sein, der den Traummolch beherbergt, deines Traumes, der jetzt im Nebel eines Anrufes von fünfzehn Minuten wandert, jeden Tag, alle Tage, wie ein Versprechen der Haut, die begrenzt durch Meilen von Kälte, Versprechen, das manchmal schon Abwesenheit scheint. Verweile heute ein bisschen länger und lass die Erinnerung ihr Objektiv schärfen, um für immer das Beben deiner Lippen in mein Gedächtnis zu prägen, das durch deine Stimme jeden Tag für fünfzehn Minuten kommt.

Deine Stimme, feuchtes Moos, erfrischendes Dickicht
von Bergen und Seen, Horizont der Küsse
gelöst in Worten und winzigem Säuseln
im neuen Universum der Liebe ohne Distanzen.

Deine Stimme, weiße Taube, überlaufende Zärtlichkeit
der Kaffeesträucher und Triller, Eitelkeit von Liebkosungen,
am Ufer  meines dunklen Strandes gelassen,
wo die Lippen die Traurigkeit entblättern möchten.

Deine Stimme, schwarzer Feuerstein, müdes Rasseln
von Vulkanen und Felsen, mythologische Schritte,
welche die Wege meiner rauhen Karten kreuzen,
wo die Hände die Leidenschaften entschlüsseln wollen.

Die Skulptur des Windes fragt sich nicht, wo
der harmonische Schwung ihres Herzschlags beginnt,
weil sie von der überflutenden Magie des Ostens weiß,
die mit dem Abend kommt, um sie mit Küssen zu bedecken.

Übersetzung:  Karen Gajda

I. El Inicio (Jimena)

I. El  Inicio.

Nunca se había planteado ni había mirado más allá de las rutinas establecidas. No había esperado ni deseado nada hasta que llegó la luz, haciendo tambalear los cimientos que consideraba sólidos. Sintió como la envolvía y  poco a poco  penetraba en lo más profundo e íntimo de su ser, consiguiendo que llegara a cuestionarse hasta la más ínfima situación. La llevó  a diseccionar lo que hasta en ese momento ella hubiera considerado el más absurdo y loco pensamiento. En ocasiones se sentía exhausta, como si la llevara al límite y estuviera a punto de romperse, pero era la única manera. Tenía que destruir, para luego rehacer si en verdad quería encontrarse con la esencia del mundo y salir transformada en la persona que en realidad siempre fue.

Aquella mañana el coche inició su marcha con destino ya conocido. Sería un día igual a otros que ya se sucedieran: tumbonas, protector solar, chiringuito, juegos, arena y mar. Pero algo era distinto, y ese algo era ella junto esa nueva forma de ver y sentir. El mar se había transformado en ese exquisito amante que penetraba por sus más profundas intimidades. La arena, en fiel testigo mudo de las caricias de manos sedientas de placer. Las dádivas marinas ensartadas y preparadas al fuego del olivo eran en su boca el sabor de lo prohibido. Mientras las comía, su piel se erizaba al sentir el roce de la mirada de aquel dependiente que, sentado a la puerta de su negocio, la desnudaba con el deseo. Sí, podía sentir el tacto de aquellas manos llenas de trabajo recorriendo su excitación y como la llevaban hasta el punto de no retorno donde solo quedaba dejarse ir.

Antes de la llegada de la luz siempre se había perdido entre puntos y comas, en lo infinito de los puntos suspensivos. Sus ideas solo se hilvanaban de seguido en su mente y solo ahí tenían un sentido  dentro un guión que se escondía, evitando  expresarse en el mundo tangible. Pero el cambio se había iniciado y le arrancaba capas de absurda inmundicia, de pensamientos preconcebidos y de normas establecidas por otros que nada tenían que ver con la verdadera vida, y comenzaba su andadura sobre él.Aquella nueva actitud ante la vida, impregnada de placer, fue bajando por su garganta e inundándolo todo, logrando que en un día más de playa y en la recreación de algo tan carnal, encontrara el sentido de la verdadera entrega y la magia de ver el mundo con aquellos nuevos ojos. Un mundo oscuro y oculto para muchos, pero que la empezaba a  reconciliar consigo misma y con su verdadero ser, mostrándole la infinita dicha de sentirse sensual, plena y libre.

Aún quedaba mucho camino por recorrer pero ya no había cabida para la marcha atrás. Estaba dispuesta y se sabía con la capacidad de hacer brotar la sal y de conseguir provocar las salvas, solo era cuestión de tiempo. Tenía claro que no sería fácil arrancar tantos años de podredumbre,  miseria y de hábitos  insertados desde la niñez, pero la luz estaba ahí para guiarla, para mostrarle y hacerle ver…

(Jimena)

Reite, Herz (karengajda)

 

Texto original en español en mundospropios.com

Erzählung von Ricardo Gálvez

In diesem ermattenden Blau, das in die Nacht mündet, habe ich gelernt, dich zu sehen, und dich in der Luft zu spüren, die sich am Schatten entzündet, Stück für Stück. Und dass eine sterbende Sonne, die schwach auf den Steinen bricht, auch die Erinnerung ist, die wiederkehrt. Sie streift hier herum, verstrickt mich und läßt diesen Ort die Form des Heims annehmen. Die nahen Straßenbahnen explodieren in Blicken und prägen ihren eisernen Kuss in die schwarzen Schienen, während das Leben, aufgewühlt, unentschlossen, die Straße überquert, nachdem ein grünes Licht seinen Marsch anzeigt. Und du bist inmitten dieser Gesichter, immer du und die unendliche Güte der Küsse, welche die ewigen Geheimnisse zerstören. Du bist an diesem Ort, der genau wie meine Erde, eine Geschichte aus Blut hat.

Bei der Erinnerung an meinen Winter höre ich ein ständiges Jammern des Regens auf den Dächern, und vor mein Auge kehren die Visionen der Wege und Bürgersteige ohne Ziel zurück. Ich verließ das Haus. Wegen des Fehlens einer Standarte, die meinen Ruhm verkünden würde, nahm ich in meinen Händen eine Spur Staub mit, von dem, wie man ihn auf der Straße, in Camps und Gefängnissen findet. Auch ein Versprechen, welches ein Echo einer Stimme war und dein leuchtendes Antlitz auf einem zerknitterten Portrait, das ich eifersüchtig in einer mehr Taschen bewahrte. Ich hatte nicht mehr als das. Ich hatte nicht das Glück, dich jeden Nachmittag zu erwarten, um uns zusammen in dieser Vene des Asphalts zu verlieren. Und so durchlief ich meine Welt, meinen dauerhaften Winter, wo alle Häfen aus Blut waren.

Jetzt bist du dort, inmitten dieser Gesichter, die von der Arbeit heimkehren. Meine Tropen, gefangen in der Erinnerung, suchen noch nach deinen Händen, die sanft über das Antlitz gleiten. Jetzt bin ich in dir verblieben, und das macht mich größer und macht mich zu Fleisch und Knochen, das seine Angst in anderes Fleisch verläßt. Wenn die Nacht hereinkommt, kann ich in dir den Teil finden, der mir fehlt, der sich verirrt hat zwischen den Leichenhallen und den grünen Kaffeesträuchern, und den Gebeten und Tränen. Der Teil, der den Schmerz in jedem Schrei meiner Mutter oder meines Vaters atmete, als sie ihren verwundeten Lebenssaft erblickten. Der Teil, der immer noch die Höfe der Murmeln spielenden Kinder reklamiert, Orte, die sich später in Tod verwandelten. Jetzt bist du hier und ich verliere mich in deinen Lippen.

Übersetzung: Karen Gajda

Der Krieg, ja ( karengajda)

Texto original en español en mundospropios.com

Erzählung und Gedicht von Ricardo Gálvez

Hast du gehört, Mama? Jemand rennt dort draußen und die Hunde bellen erschreckt, wie toll. Es regnet immer noch und man kann das Gewicht der Stiefel spüren, wenn sie die Pfützen sprengen. Sie klingen dunkel, unheilvoll und kündigen noch mehr Tod an, in diesem Fluss auf der anderen Straßenseite, nahe der Brücke. Hast du gehört?

Du nagst und rutschst aus, heftig, Wurm aus Blut und Schatten, vom Pulver und Phosphor befleckt. Du nagst und Tausende von Schreien und Gesichtern, die schon keine Gesichter mehr sind, lehnen sich hinaus, um ihr konvulsives Imperium von Schüssen an die Schläfen zu säen. Wie Male von Zigaretten, wie Steinplatten in Sälen, in denen man Autopsien abhält. Während in einem anderen Haus, auf der anderen Seite der Nacht, ein Antlitz verblutet und den Schmerz eines ganzen Lebens anhäuft, ohne zu wissen, dass ihm noch so viel Schmerz bevorsteht.

Die Nacht, ja. Schrecklich. Sie hat einen metallischen Geschmack, und das “Puff”, das aus einem niedergeschlagenen Körper entweicht, wenn er unterwegs getreten wird. Hast du es gehört? Hast du den Schrei eines Vaters gehört, der Gott um Gründe bittet? Hast du schon einmal eine Mutter so hassen und an Rache denken sehen? Es gibt nächtliche Wege, welche die Magie bewahren, immer still zu sein und vom Mondschein geküsst zu werden, während an ihren Rändern der Duft nach Blumen und Grün überläuft. Und eines Tages erscheinst du, um Beleidigungen, Klagen und Knochen zu säen. Du verlierst dich im Gewirr der Sträucher, und du beißt dir auf die Lippen, während die Kälte in deinen Händen wohnt. Du bist dort in den von Mythen bevölkerten Dörfern. Du bist genau an jenem Ort, wo der Hass dich anbellen wird, und dann gibt es keinen Ausweg.

poesie

Wie oft hörtest du
dieses Gerücht von Flügeln
über einem erschreckten Dorf,
während alles zu einem Schrei von Blut wurde,
du starbst so oft, dass es dir schon schwerfällt, es zu glauben,
wenn du sagst, dass du
dieses blutende Mädchen zwischen den Blättern siehst.

Wenn die Schatten deine Brust sich tränken lassen,
wenn es passiert,
solltest du dich mit allen Wunden
bis zum Zentrum des Klagens nähern,
und von deinem Wahn von Schrapnellen
und der Zukunft des Schießpulvers,
dich den Antlitzen anbieten, die deine Gegenwart bevölkern.

Wie oft zerbrachst du die Stille,
um Stille und Schrecken
mit Tränen von Müttern zu verschmelzen.
Wie oft,
wie viel teuflisches Lachen,
wie viele Träume schwimmen die Flüsse hinunter,
um dem Tod zu begegnen
den deine Hände halten.

Übersetzung: Karen Gajda

Dos aspectos en la separación de los amantes (Amellastre)

 

Quizás la actitud más frecuente de los amantes, frente al hecho de la separación, es la de culpabilizar al otro, negándose a aceptar el auto engaño del que pudimos ser objeto. Pues, de una u otra forma, todos intuimos lo que nos conviene o no respecto del otro-sobre todo en la fase del enamoramiento y los primeros intercambios verbales, afectivos y emocionales-, pero de momento nos olvidamos, reprimimos o desviamos la verdad objetiva, y elaboramos la feliz fantasía de que todo será color de rosa. De esta forma, acariciamos confiados el yugo que después nos hará sucumbir, pues tarde descubrimos y constatamos-para desgracia propia- que, precisamente, lo que nos ató al otro, bajo el ropaje de la pasión y el gran amor, no era otra cosa que el desprecio del que fuimos víctimas o la intención perversa con que fingimos interés sincero, pero nuestro orgullo y su gran motor-el amor propio- no nos permitió resignarnos a no ser amados y desplegamos todas las armas de conquistadores jamás derrotados.

Y es por esto que llegamos a amar-inconscientemente- el desamor: cosa que tiene mucho que ver con la dinámica del instinto y su fin que, en el caso de la separación, nos impulsa a persistir en la reconquista a como de lugar. Pero, en verdad, cuando el otro nos corresponde, ya no nos sentimos con fuerza afectiva para perdonarle y acepterle, porque no buscábamos el amor sino la satisfacción del yo. En síntesis, caemos presos en el siniestro círculo del masoquismo, o sea, en ese comportamiento inexplicable en el que la persona se complace en el auto castigo, el auto desprecio, el sentimiento de la poca valía y la indignidad; en una palabra, en el placer en el sufrimienton, el cual puede terminar, en el peor de los casos, en el suicidio por amor.

Es por esto que amamos tanto el riesgo y el peligroso juego de los amores imposibles. ¿No os dais cuenta, por ejemplo, que mientras no le damos al otro ocasión de sufrir, éste no se muestra angustiado por buscarnos? ¿No comprendéis, también, que mientras alguien no nos brinda la oportunidad de una nueva relación, no volvemos a encender el fuego de la incontrolable pasión? ¿Por qué? Porque, en estos casos, amamos más el sufrimiento-por la culpa y la recriminación de sí mismos- que el hecho de haber sido aceptados.

Otras veces, por el contrario, sólo nos complacemos, y experimentamos el máximo placer, haciendo sufrir al otro con nuestros desprecios y desplantes. O sea, adoptamos una actitud sádica, la cual se apoya en el sentimiento de venganza por no poder dar ni recibir las gratificaciones que el otro merece, ya que en una época crucial de la vida no las tuvimos de nuestros primeros objetos de amor. Y esto, por supuesto, nos hace experimentar una culpa enorme, que, en la economía del aparato psíquico, debe pagarse al precio que sea. ¿Cómo? Con el auto martirio, la auto conmiseración o el suicidio.

Ahora bien, ¿por qué se dan estos patrones de comportamiento psico- afectivos y psico-sexuales? ¿ Por qué, por ejemplo, preferimos, en algunos casos, ser perdedores a ser ganadores? ¿Por qué, muchas veces, ganando somos perdedores? Sencillamente, porque en nuestro inconsciente repetimos modelos de relación objetal derivados de las relaciones con nuestros padres, con todas las cargas de afectos hereditarios y socio culturales.

Finalmente, ¿cómo podríamos superar estos dolores de cabeza? En parte, siendo conscientes de por qué se dan y del papel que juegan en la relación de pareja -trátese del noviazgo, el matrimonio o del simple trato social de amistad; en parte, también, cuando evitamos comprometernos en relaciones peligrosas, y, sobre todo, cuando consideramos el amor como una categoría superior de la existencia, como una dimensión de la divinidad, y no como un juego carnal o un instrumento de las relaciones mercantiles entre los hombres, las cuales hacen de la relación de pareja una metáfora del poder, en la que uno domina y el otro obedece o uno gana y el otro pierde.

(Amellastre)

El rehilete de Fernando (Amellastre)

 

   Fernando, todas las mañanas y todas las tardes, al punto de las seis, iba a poner y a quitar el sol, como creían los vecinos del pueblo Solosueño, pues se decía que dentro del talego de escrotos de chivo, que siempre mantenía asido a la cintura, guardaba los mecanismos  secretos de la radiación solar y de otras taumaturgias. Vivía en una casona destartalada llena de sapos, pájaros terroneros y lagartos sacrificados, que con sus manumisiones vejigointestinales, habían descompuesto el aire en una pestilencia desnarigable. Tal vez por eso Fernando solía sacudirse al primer toque del alba y partía hacia el lugar de su encanto, perseguido por el desaforado ladrar de los perros, que durante las muchas generaciones de su obsesiva peregrinación, nunca se acostumbraron a esa facha de espantajo volador.

   Tampoco convenció a los niños y muchachos, pues a su paso le tiraban piedras y le armaban una batahola del diablo. “Fernando, se te cayeron las banderas del pantalón… Ferna, oculta el sol para elevar el barrilete… Fernandón, ve!, quieres éste caramelo… Fernandito, hijoetuperrisimamadre, báñate!… Fernandete, cara de estropajo embutido, me asustaste… Fernandillo, te cogemos… tu ciencia de chivo…”, le decían en greguería siempre que tenían la ocasión, y era la única oportunidad en la cual se podía observar en Fernando alguna manifestación de miedo o de alegría, pues para todas las demás cosas, era un tambor destemplado.

   Sin embargo, en el cedazo de la imaginación del pueblo Solosueño, seguía siendo el enredalapita de todo enigma soluble, pues en torno a él se había entretejido un sartal de dislates de firmes y lejanas raíces.

   Todo empezó cuando vino, a principios de calendario, el enviado Matusalén predicando el acabóse para recoger los trapos sucios de la imagen cristiana, y preguntó sorprendido quién era ese gallinazo enveranado…

   “-El hijo del viejo brujo del diantres que le dio de coces a la efigie del bendito, cuando la paseábamos en parihuelas, en una procesión rogatoria para que no aparecieran tantos algodones desflorados en la capilla, el mismo día que el padrecito rehusó cristianarle al ratoncillo envuelto en esterillas, que era entonces el Fernando. Este mismo que vive en esa casuca por donde no se puede pasar de la peste, y donde, por las noches, se levantan castillos de fuego, que nadie puede mirar, so riesgo de quedarse ciego para toda la vida, como le pasó a la hija del alcalde que por eso lo mandó a matar, pero no consiguió siquiera asustarlo, pues ese Cristo empapelado o el rehilete, como le dicen tiene los mismos pactos que su padre con el demontres, y desarma a los enemigos sin dejarse ver, como que se sabe la amansajusticia, y se ríe de ellos y los retaca con candela, pues para que lo vaya engullendo, eso es lo peor de todo; vea usted que en esa bolsa de chivo, guarda las llaves del sol, y lo abre y lo cierra, y hasta él mismo será el sol, ya que lo han seguido a ver que es lo que vela cuando sale a las seis, mañana y tarde, para allá donde se ven aquellas ceibas, en el estanque público, y nadie ha podido elucubrar nada, ni el mismo señor cura, quien un día dijo ay, Dios mío, si todos los caminos conducen a Roma, por qué nos obligas a vadear el Rubicón en volaterías, y lo fisgoneó con sus binóculos de papel, que se le volvieron ceniza, y entonces fue cuando nos reunió a sus besapiés y dijo que lo mejor era no seguir creyendo que existían fantasmas y punto-“.

   “-Mentiras, imaginerías, sueños… La luz de mis abscónditos escrutinios arroja que ese pollo emparamado que es ahora Fernando, era el niño de ojos glaucos que sus hermanos cambiaron por “algodones americanos” y boletos para ver a los magos de la cuerda, al dueño de un circo que lo crió y lo empapó de los misterios de sus demiurgos… Da grima no haberlo visto arañando en el trapecio… ardilleando en un arco claveteado de bicicleta… tragándose un purgante de vidrio molido y trasbocarlo digerido en bolas de cristal con lombricillas de oro… o soportando el fuego en la hoguera del sacrificio como un becerro metálico en Bengala, para berrear sentencias iluminadas que dejaban babilargos o legos y doctos… Esa resumancia prodigiosa le granjeó el odio de muchos compañeros, pues no hay peor cuña que la del mismo palo, y un día, cuando mas concentrado estaba en la sesión del fuego, uno de ellos mordió un limón en cruz y a Fernando se le fueron eclipsando las bombillas del caletre, y se echó a correr caminos… hasta cuando vino a dar a este pueblo de calles pegajosas, móviles entrecruzadas y a menudo cubiertas por una babaza como de pócimas de yerbario, por donde se deslizan arañas alucinadas-“.

   “-No faltan quienes dicen que Fernando está así, avetolondro, porque se burló de la única mujer que lo amó con pellejo y todo cuando era colegial, pero él no quiso corresponderle, aunque bien echado estaba, porque ella había sido la alcancía de todos sus amigos en el cabaré de en frente del colegio; ni aún después que se vistió de santa monopecadora, y le dijo claro y cantando que la novia del estudiante no podía ser la esposa del doctor, y le tiró las puertas, sin siquiera darle las gracias, y a ella se le inflaron los ojos de sangre y el pensamiento se le ennegreció, y besándose los dedos se dijo, por esta santísima cruz, que ni serás profesor de historias ni qué mierdas, y con artimañas de nigromanta le arrancó un cabello del cráneo, el día de su cumpleaños, y se lo incrustó en el buche a un gallinazo… y abracadabrete, cabeza de rehilete… Después se sonó que Fernando andaba un poco zafado, pues se ponía a chiflar discursos erásmicos, los cuales remataba diciendo YO, FERNANDO, EL REY SOL… y le buscaron brebajes hasta en la meca de la seca, pero nada que e le calmara el hormiguero y se dio a ver correr los árboles de los caminos como quien viaja en automóvil… hasta cuando llegó aquí con su fama de rey sol o solo, que será lo mismo, y el pueblo lo recogió porque estaba haciendo un invierno prodiluviano, arrumándolo en la casucha esa, que según un testaferro fue el nido de su desaparecida ascendencia…pero se cree que todo es obra del espíritu de su padre que le suministra el bolo calórico y lo maneja como a una pelota mecánica, para vengar las imprecaciones que el párroco le desbozalaba no se sabe a santo de qué… Así empezaron nuestros credos-“.

   …Matusalén, que no había enrevesado más palabras, sintió un extraño escalofrío y, sin despedirse, se marchó en la acémila ramonera que lo trajo, escupiendo maledicencias y acuciado por el górico coro de los perros endemoniados. “Pueblo fatuo”- pensó indignado.

   Mientras tanto, Fernando paseaba su liviana existencia por la telaraña trapezoidal de las calles de Solosueño, mirando siempre hacia arriba, como cantando las burbujas que forja la miraba al contemplar larga y fijamente el espacio. Mas no era eso lo que buscaba. Columbraba, miraba y remiraba hasta calibrar las serpientes multicolores que se bebían las nubes. Entonces, a pesar de la perrata de los muchachos involuntariamente se acercaba al sitio del recreo, en la laguna pública donde tributan todas las calles, que para él resultaba asaz doloroso, pues su fantasía era removida en sus herrumbrosos gozmes.

   Al principio cuando contemplaba el firmamento adornado de tantas abejas juguetonas, era feliz dejándose conducir por galerías fugaces del sueño; pero en cuanto soplaba un ventarrón que despistara alguna de las cruces empapeladas, haciéndola un rehilete, ahí comenzaba la desazón y un zarzal de imágenes buscaba irrumpimiento en su mente. “Ninfas emparamadas espejos papel bendito vueltas vueltas vueltas cápsulas infernales látigo invisible maldad tirantas ángeles sangre cocodrilos rehilete rehilete rehilete”, borboritaba como una lluvia bengálica. Y eran siempre las mismas ideas chirriantes, astillosas y vueltas torbellino de humo en torno al tolondrón de sus recuerdos.

   “-Estábamos elevando la cometa cuando vino una brisa loca que la desmadejó, lanzándola al agua. entonces, como Fernando parecía paralizado y no cerraba el llanto, le dije que por la mañana, a la hora que las ninfas salieran a recibir el sol, se lo devolverían aforrado en azul y blanco como los nichos de los ángeles-“, dijo Baquico do Nacemento a su mujer Magdalena Cleo, antes de que los encapuchados los colgaran de las tirantas y Fernando amaneciera en un lugar desconocido.

   Los muchachos lo abuchearon y salió disparado para la rabiza del pozo, donde acostumbraba cazar los animalejos que le servían de sustento. Mataba y guardaba en la talega. Luego, cuando los iba ordenando en filas, en el anfiteatro de su caseta, a cada una le soltaba alguna cantinela, a la manera que lo hacían con él la maestra Orfelia, el cura Ángel Polo y su madre. “Chis, chis, chis…  los espejos devoran a los niños desobedientes… Chis, chis, chis… los barriletes alcanzan a los ángeles… Chis, chis, chis… los ángeles son reflejo de virtud… Chis, chis, chis… los barriletes son el alma de los niños… Chis, chis, chis… barriletes, ángeles, rehiletes… Chis, chis, chis…”, repetía como un disco desrevolucionado lleno de “voces antiguas”, y al final de cuyo rito, daba pavor mirarle sus ojos de fuego semejantes a los de un perro picado por el agua.

   “-Siempre vivía lelo. Mientras enseñaba el abecé, estaba corriendo parejas imaginarias en cabellos de palo con un enanito bembón, que se lo ganaba por que su corcel tenía la cabeza de trapo y a él se le agarrotaban las piernas y todo era tinieblas… Y en misa era puro miedo. No podía soportar el momento en que el cura trajera a cuento la alegoría de la cometa que se convirtió en cocodrilo debido a que no estaba aforrada con el papel bendito de la capilla, porque a la salida no sabía irse solo y decía que el camino se le iba, lo extraviaba”-, dijo Orfelia.

  La noche lo había arropado. Ahora yacía postrado sobre unas esterillas deshilachadas, formando un emplasto fantasmal; caído en las profundidades pantanosas del sueño como un cilindro vacío arrojado al agua; entregado al ejército  infernal de las imágenes que sitiaban su estragada mente… patinando en la tembladera nebulosa de Solosueño.

(Amellastre)

Music:

Grief of the Mermaid by Vada

Album Tunguska Summer Solstice Vol.1

Tunguska Electronic Music Society

Dulce amor (Krissia Quesney)

Qué increíble es, lo que un roce de manos, puede llegar a hacer. Qué bello resplandor emana de su piel, ahí, cuando estamos tirados bajo la sombra de los árboles, yo en su regazo y el acariciando mi cara…un resplandor de vida, de felicidad que hacía tiempo no miraba en él.

¡Qué alegría! poder estar entre sus brazos de nuevo, poder verle a los ojos y encontrar mis sueños, y en mis sueños tenerle de a noche, en mi realidad tenerle de a día. Usted, espero me disculpe, querida Luna, pero él ha logrado desviar mi mirada de usted por las noches, y le veo el rostro por ahí entre las estrellas…

Se me escapaban ya los sentimientos, dejándome caer como si fuera de hierro…y él llegó de nuevo, para alborotarlo todo, y aquí entre el terremoto, yo le quiero.

Qué ganas de comerle la sonrisa, qué pavor de sentir el rechazo. Y aunque él al final se fuera, y quedara yo por debajo de mis pies ahogada en su ausencia, los recuerdos felices, las sensaciones que  él me regala día con día, valdrán la pena.

Qué bello es estar de este lado, y no allá, donde anhelaba tenerle. Y ahora si que me quedo sin palabras, cuando el profundiza en mis ojos y con una sonrisa torcida me dice de su amor. Y su sonrisa, esa tan sincera, tan del alma, que le llega hasta los ojos, me tiene enamorada.

Dulce amor, no te vayas, no me dejes, no te escapes con mis sueños que yo ya a ti me entrego. Mira ya que lejos has llegado, que me has hecho hablar del amor y sus encantos…

Dulce amor,no eres mi prisionero, eres libre porque amo tu vuelo, pero mi amor, yo siempre anhelo tu regreso.

(Krissia Quesney)

Hombre bigotesuero (Amellastre)

 

                      A Jairo Aníbal Niño

  No fue así como lo vi aquella vez. Me pareció, entonces, un ser nada lunático como pensaba yo que debían ser todas las personas que trataban de hacerle creer a uno el truco de la transformación de la vida por el mágico arte de la palabra. El, en cambio, era aterrizado, extravertido y elocuente, es decir, humano. Habló; leyó, y conversó con todo un paraninfo lleno de inquietudes e incertidumbres. “ ¿De dónde nacen los cuentos?”, recuerdo que le preguntó un estudiante, y él, calmado, seguro de su arte cual mago artero, empezó a decir su palabra iluminadora… “En las fiestas, en las calles, en el trabajo, en la escuela, en el hogar y, sobre todo, en el rincón oculto de la infancia que hay en cada uno de nosotros… Ahí están los cuentos… Id a buscarlos…”

   “¿Así de sencilla es la cosa?”, pensé, y empecé a evocar el caudal de impresiones infantiles que en mi confusa alma luchaban por encontrar su forma. Y fue así como, de pronto, me aguijeó el deseo de escribir.

   Pero nada escribí entonces. Sólo hoy, después de 12 o 13 años, he tenido la luz… El ambiente fresco de un club pueblerino, la imagen distorsionada del ser idealizado, con su nívea y rala cabellera y, sobre todo, con ese bigotesuero debajo de una nariz de circo, me movieron a este parto diabólico de contar los sucesos elementales de la vida.

   Ahora sí, con toda la razón del mundo, creo que también podría afirmar: “¡Por ahí están los cuentos!”

(Amellastre)

 

Mañana será otro día (Amellastre)

 

(A todos los loros parloteros del mundo)

  Tengo que escribir una carta. He dado tantas vueltas y revueltas, que no me atrevo a aseverar nada de nada, tanto que he pensado echarlo todo por la borda pero me aterro, pues tengo que enviarla por sí o por no; quizás por sí, aunque me hubiera sentido mejor escalando al cielo como un barrilete sin cola que verme en este atascadero de la gramatología. “Así es la vida, qué le vamos a hacer”, me diría mi abuela… “Como no sabes garabatearla si en la clase eras la divina verraquera para las notas… así que se te oxidó la memoria o no sé… y estás metido en un compromiso serio porque hoy después de haber obtenido solemnemente ese papelote que ves pintado en la pared le has visto la cara a lo que tu papá te decía que no fueras zoque… que esos pelagatos estaban apenas por ganarse el pan… que ni siquiera sabían dónde estaban parados… que te fueras a cultivar la tierra… a criar tus animalitos… que la enseñanza era para los burros para que no se encabritaran cuando le pusiéramos la carguita para irnos para el pueblo… que tendrías plata en el bolsillo y las muchachas no te escurrirían el bulto…”.

   Tantos intentos me tienen atiborrado, pero haré el último… Miro el reloj público para apercibirme del tiempo y alguien dice: “Está  tan atrasado como el correo”. Entonces me apresuro a casa cabizbajo, dándole riendas al potro cerril de las ideas. “Primero la fecha, luego el destinatario seguido del saludo y por último.. la fecha”, es todo lo que recuerdo de los modelos que nos dictaba el profesor de letras, pegado a quién sabe qué maula de autor o quizás a alguno brillante porque él nos decía que su texto, que nunca le conocimos, era de un autor foráneo. Esta fórmula de tanto repasarla le he reducido a una sola palabra: el busilis, pues aquí se me rompen todos los cabestros y no logró enjalmar al ágil pegaso, menos montarlo.. Me sosiego un poco mirando las trampas de espinas que le hemos tendido a los murciélagos debajo del caballete, el crucifijo de madera enclavado encima de la puerta de la calle y unas figuras de deportistas que recorté de una revista argentina, y luego vuelvo a ensayar: escribo… leo… borro. ¡Qué fastidio!

    La brisa continúa danzando entre los árboles, y a ratos se hace tan intensa, que se resquicia por la ventana y me envuelve en sus lozanas alas. El sol sigue su coruscante sendero. Y los pájaros, desde los frondosos árboles, emiten alegres y sentidas tonadas… Todo lo cual me hace elucubrar, con la farola toda pila, en la insondable caverna donde personas y cosas son espejos velados…

   Luego de este descomunal descenso a los lugares de nadie, siento que algo se está transformando dentro de mí y surge como una sonrisa primaveral…

   Mi mente se siembra de recuerdos; sobre todo de los años estudiantiles. Ahora caigo en el aire sacro y doctoral que rezumaban casi todos los profesores, en sus métodos caducos y en sus cabriolas noseológicas, que si alguien se las requería se deshacían en palabreros malabarismos, teniendo el descoco de responder, “¿a quién culpamos?, nosotros sencillamente hacemos empollar el pénsum”, y a quién diablos íbamos a cargarle el polluelo muerto, pues para tragar entero, éramos unas meras gallinas cluecas; pero bueno, lo sido, sido, y que no siga siendo!

   Ahora sí, voy a correr la carta. Salgo de prisa pasándome las manos por la cara para esclarecerme la vista y me dirijo a la oficina postal. Ha sido tarde. Mi carta llegará…

   Regreso con los ánimos como plomadas  y me tiendo bocabajo en la cama a rumiar mi derrota. Entonces recuerdo que un profesor al que habían destituido no sé porque motivos, me decía que el día que me decidiera a pensar por mi cuenta, iba a cambiar el nidal de loros parloteros que tenía en la casa, por otro de búhos cogitahondos. Esta idea me hace saltar de contento.

   ¡Mañana será otro día!

(Amellastre)

A %d blogueros les gusta esto: