Autor: carloselias69

El desierto y los migrantes (Carlos Elías)

 

El desierto,
No solo es de arena y de rebeldes cactus:
El desierto oculta misterios milenarios,
Y enseña a la vista solo aquello que desea.
Así se ha encontrado,
En investigaciones empíricas,
De ensayo y error
Que el desierto vive,
Su sombra es un sol radiante,
Que lo protege – fiel vasallo-
Sus noches son tan inmensas,
Que no le piden prestado nada a los días:
Solo lo toman.
El desierto vive y esa quietud que nos ofrece,
No es tal – calma chicha – proceso lento.
Abraza todo apropiándose de su entorno,
Y de los seres que sin permiso le visitan,
Adorna su sala de estar con intrépidas combinaciones
De cielo, arena, sol y montones de blancos huesos.
El desierto toma corazones vivos,
Misterioso los devuelve inertes,
No hay imputación alguna
El precio se paga. El azar no ayuda.
El desierto tiene magia,
Llama a la gente sin flautas de hamelin,
Un llamado que solo los necesitados entienden,
Migrantes les llaman. – palabra bonita – vivencia maldita
Correntías de almas llegan al mar de arena,
En él se sumergen buscando la vida,
Bautizo y sacrificio, nuevo ritual de sincretismos divinos,
El desierto bautiza,
Da el camino a la vida
O mata,
Nunca invita
No quiere visita,
Solo le extraña
Que queriendo estar callado,
No le permitan estar en su estado.
El desierto obligado grita,
Expulsa a los indeseados,
Con la furia de los elementos,
Los migrantes, necesitados,
Siguen tentando la suerte, o más bien la muerte.

(Carlos Elías)

El cabo Montes (Carlos Elías)

 

No era precisamente esa la vocación del Cabo  Montes, pero como tenía necesidad de un trabajo y  reunía los requisitos, ingresó a la academia  de policía y a la vuelta de  seis meses  se graduó como agente de autoridad. Así se convirtió, más por necesidad que por vocación, en un flamante  policía.

Todo el ambiente era nuevo. Los mismos jefes de la policía, muy a pesar de haber sido policías de los antiguos cuerpos de seguridad, tampoco sabían muy bien como dirigir  aquella nueva  institución. Pero  daba igual, porque en suma el país mismo intentaba  reinventarse y aquellos nuevos vientos le  gustaron al cabo Montes, pues se sentía parte de algo nuevo, y además se llevó la sorpresa que el uniforme le daba  poder sobre los demás.

En realidad lo que al ahora cabo Montes le gustaba era el negocio. Siempre fue así desde pequeño, luego la realidad en que se desenvolvía lo orilló a  convertirse en un  cabo de la  policía. Pero como no perdía su vena de comerciante, junto a su esposa y suegros, montó su negocio de pizzas y estableció a como pudo un restaurante  en las cercanías de un hotel. No le iba de maravillas en sus negocios, pero  tampoco le iba nada mal y su vida caminaba tranquila, con relativa estabilidad:  Era policía, tenía sus negocios y ya pensaba en ampliarse en ellos.

Como no quería quedarse como un simple agente de autoridad,  se especializó en  la investigación de ese delito que tenía de cabezas a la sociedad: La extorsión,  delito  que se había desatado como un virus y  nadie se libraba de él.

La extorsión era un negocio casi exclusivo de las pandillas quienes, a fuerza de amenazas e intimidación, obligaban a todos los comerciantes a darles un importe económico ya fuera semanal, quincenal o mensual. Eso a cambio de dejarlos trabajar y no ser molestados.

Pues el caso es que el cabo Montes se dedicaba a  combatir esa modalidad delictiva. Tenía, además, intenso e incesante trabajo, pues las extorsiones eran uno de los principales dolores de cabeza de la policía y  era unos de los problemas delictuales  que después de los homicidios,  más abatida tenían a la población.

Hasta ahí todo bien. El cabo Montes hacía tan bien su trabajo,  que hasta algunas felicitaciones en su expediente  había, pues  a la hora de resolver casos de extorsión era de lo más entusiasta en la unidad policial a la que pertenecía, y era uno de los elementos policiales más persuasivos con las víctimas para que  denunciaran a los hechores y para que colaboraran en el proceso, de tal manera que los casos no se cayeran en sede judicial.

La angustia para el cabo fue cuando los pandilleros llegaron a su negocio y le pusieron la renta, tal como le llamaban a la extorsión.

El cabo Montes, como sabemos,  era especialista en el combate a ese delito y  ya tenía varios extorsionistas purgando penas en las cárceles. Pero él siempre había visto ese delito desde fuera, sin  que le incumbiera en cuanto a víctima. Más bien le cabía la satisfacción de ser una especie de vengador de las víctimas al  ponerlos tras las cárceles y en el fondo el se sentía orgulloso de eso.

Pero si la cosa era con él  ya  pintaba distinto el tema, pues de entrada se le venían  sucesivos y atropellados estados de ánimo, que iban desde el arrebato,  hasta la maledicencia; ahí si sintió las grandes angustias,  los  miedos que penetraban  en todo su espíritu, la zozobra que le marcaba el paso  y la vida cotidiana, y las  inquietudes que experimentaban todos aquellos que se veían sometidos a la extorsión.

Como en una película rápida pensó en su negocio, en sus deudas, en su esposa, en sus tres hijos pequeños,  ¡hasta en su suegra  -cosa rarísima esa- . Después de  intensas y  afligidas  reflexiones, el cabo Montes decidió ser prudente y no correr riesgos y comenzó, como el más disciplinado de los extorsionados, a pagarle a los pandilleros la renta.

Aquello no dejó de representar una  crisis para el policía, el cabo, el especialista en el combate del delito, y específicamente para el  agente entrenado precisamente en  el combate del delito de extorsión. Pero ahí estaba .. ¡extorsionado!, y bien extorsionado por los pandilleros. No existe nada  que sea  inverosímil, todo puede suceder y al cabo Montes  pese a todo, le pasó.

Pasó un año pagando religiosamente a los a mareros. Al cabo de ese tiempo ya estos acudían al cobro sin mayores prevenciones. Por su parte el cabo había instalado en su negocio unas cámaras de video, y una tarde al revisarlas se percató que  uno de los que llegaban a traer el dinero que pagaba a los mareros ¡era compañero de trabajo! ¡de la misma unidad especializada en que trabajaba! Ver para creer. ¡Con razón sabían tantas cosas de él!

Lo pensó un poco, lo pensó mucho, y no sabía que hacer pero como policía que era, se la jugó y le hizo saber de la situación al oficial jefe de la unidad, esperando apoyo y que  le dedicaran un equipo de trabajo para solventar su situación. Incluso esperaba protección especial para su entorno familiar. Para su sorpresa el oficial poco caso le hizo, y más bien de manera burlona le dijo que veía fantasmas donde no los había, y que mejor le iba a dar  los quince días anuales de permiso para que descansara y que se quitara el estrés.

La actitud del jefe le extrañó, pero tomó los quince días de vacación anual  y se fue. Arrancó su  carro viejo rumbo a  casa, pero como policía que era  chequeó  la ruta e iba atento al camino. Percatándose que lo seguían, aceleró la marcha y al llegar a un redondel dio la vuelta completa al mismo, conforme la técnica policial lo manda, para asegurarse  que en verdad lo seguían, y confirmo que en efecto era  seguido. Tomó más velocidad y  metiéndose en  pasajes estrechos y poco conocidos logró evadir a los  sujetos que lo perseguían. Y pensó con gran abatimiento que eran policías los que lo seguían y que el único que podía haber filtrado la información de que él había intentado denunciar a los extorsionistas, era el jefe al que había acudido. Se sintió desamparado, un miserable perseguido. No llegó a la casa, sino que llamó y  le dijo a la esposa que  no llegaría pues tenía graves problemas de seguridad,  y que  quitara el negocio porque la cosa estaba dura, y que le avisara a la mamá de que se perdería un buen tiempo.

El cabo Montes prácticamente se perdió,  como el mismo diría después. Se perdió en la clandestinidad, la familia vivió penosas situaciones. Debió  sacar a los niños del colegio y  llevarlos a la escuela pública. Cambio de domicilio pues siempre llamaban preguntando por el cabo Montes, y la economía familiar se vio comprometida,  tanto que ya  ni en la tienda le daban crédito, como antes.

Mientras tanto, los quince días de vacaciones anuales  pasaron y  él no se presentó a trabajar. En la policía poco se preocuparon y  su jefe inmediato se limitó a informar luego de una ausencia de ocho días,  que  según la ley podía ser destituido por abandonar el trabajo. La maquinaria  burocrática policial comenzó su trabajo. Nombraron instructor y secretario de diligencias. Anexaron la certificación del rol de vacaciones, constataron que no se había presentado, y para llenar las formas legales le notificaron por edictos sobre el procedimiento; pues la policía es respetuosa del debido proceso. Fueron tan diligentes que incluso hicieron una llamada telefónica a la mamá del cabo para notificarle y ella les manifestó que estaba afligida pues su hijo hacia meses que no se comunicaba con ella. Los policías, muy respetuosos, le dijeron que al saber una noticia de él que los llamara.

El cabo Montes  para salvarse había tomado la decisión de ocultarse,  mientras enviaba escritos a  diversas instancias  denunciando el hecho, pero la burocracia es  inmensa y sus denuncias se perdieron en ese mecanismo brutal. Mientras el proceso de destitución siguió su curso y se realizó la audiencia; por supuesto el resultado del mismo fue la destitución, por abandono del servicio; la resolución técnicamente bien redactaba, establecía  que un  elemento policial sobre todo uno con especialización no  podía abandonar  el servicio así por así,  sin asumir la responsabilidad que semejante falta conllevaba que  como hemos visto era la destitución del cargo.

Le llegó tal noticia al cabo Montes y decidió apelar a  la decisión que en su perjuicio se había tomado. El defensor extrañado le preguntó, pero mire cabo ¿ cómo es eso de que usted quiere regresar a la corporación policial, si  es ahí donde supuestamente le han perseguido y desde donde le han extorsionado sus mismos compañeros? El cabo Montes se le quedó viendo al abogado, y le dijo, con una voz lenta y algo de misterio: Si no puedes con ellos úneteles. Al abogado defensor aquello le sonó absurdo, pero conociendo los entresijos de su profesión,  sabiendo que aquello de que la justicia pica los pies del más descalzo es más que un simple dicho, se quedó pensando si no sería cierto aquello de que si no se podía con los malhechores era mejor unírseles. Y platicando sobre ello cuando más tarde fue al campo de pelota, le contó a un deportista sobre aquella  rara experiencia y el deportista se fue pero quedo pensando en lo mismo, y resultó que  cada persona  que escuchó aquel caso, se hizo la misma pregunta con una seriedad, de esa, de la que pocas veces  hacemos uso. El defensor, aplicando un poco  la respuesta del cabo Montes,  aparte de  utilizar los mecanismos de ley,  influyó  de manera indebida al  tribunal de apelaciones, éste influido por sesudas razones y vericuetos legales,  dictaminó que el cabo debía reingresar al trabajo, revocando la resolución de  destitución por abandono, previamente proveída por un tribunal inferior  y el cabo iba frotándose las manos pensándose en como iba  a ocupar su especialización para recobrarse económicamente de aquel calvario al que le habían sometido.

(Carlos Elías)

La última decisión en la asamblea de los demonios (Carlos Elías)

 

Los demonios se reunieron al fin. Después de varios intentos de instalar la diabólica reunión, estaban excitados pues eso nunca les había pasado. Sus asambleas siempre habían resultado exactas y perfectas. En esta ocasión no podían hacer Quórum, y eso les impedía iniciar la asamblea y tomar decisiones. Para ser diablos era de preocuparse que se diera esa circunstancia, sin embargo los diablos más sabios y viejos guardaban sepulcral silencio y solo movían nerviosamente sus colas, cosa rarísima también. La verdad que resultaba espeluznante el sonido seco que causaba el golpeteo de las colas negras, largas y peludas en la pared de tono grisáceo, salpicado de rojos brillantes que emulaban lenguas de fuego, lluvia de sangre y humo picante.

El sonido intoxicante y la ambientación del auditorio, no dejaban de causar intranquilidad aún a los mismos diablos, que uno a uno iban llegando a firmar las listas y meter el cacho en la rendija que controlaba las huellas que dejaban con sus cachos pulidos y brillantes. Una vez registrada su presencia, malhumorados, pasaban a contar sobre el atraso de su llegada al infernal recinto..

El escándalo era un sentimiento nuevo para los demonios, pues la maldad que era su giro divino, les daba placer, y su pericia en ello les hacia ufanarse y sentirse con una excelente autoestima; el bien por otro lado nos les producía nada, ni siquiera comezón y sentían los frutos de esa práctica, sin ningún sabor. Era soso el bien, y cuando les tocaba realizar operaciones de maldad que implicaban desatar algunas acciones de bien, normalmente terminaban internados en el hospital del averno, por los vómitos y el mal de ojo que aquella fea práctica del bien les causaba, aún que sea para hacer el mal.

Ver a aquellos demonios escandalizados era horroroso desde un punto de vista humano, pero era verdaderamente tragicómico desde el punto de vista diabólico, pues siendo una especie de enfermedad nueva que se transmitía por la vía de la información, era realmente una tragedia para los severos protocolos de actuación y desempeño de las huestes demoniacas, y era cómico pues las reacciones en cada demonio eran distintas. Mientras unos se devanaban de risa de manera impropia para aquel lugar, otros agarraban un hipo que no los dejaba tranquilos en las sesiones. Otros quedaban sumidos en un mutismo que no presagiaba nada bueno, ya que eso era símbolo de grandes borrascas en el horizonte. Otros diablos quedaban congelados, lo cual era ofensivo en aquel escenario, pues los demonios siempre se caracterizan por la hiperactividad. Esas sensaciones cruzadas y revueltas provocaban un ambiente donde la zozobra, revuelta con azufre, envolvía a aquellos seres en un estado de inexplicable histeria colectiva.

El diablo que acababa de llegar, especialista en maldades económicas y políticas, entró cabizbajo y no quería decir nada. Se fue a ocupar su lugar, pero se sentía perseguido por la mirada penetrante de los demás diablos, y no le quedó más remedio que contarles… puesi, les dijo con la cola entre las patas, yo orienté como me mandaron, y les expliqué cómo tenían que hacer, que medidas económicas tomar, que medidas políticas impulsar y que tenían que decir y cómo justificar, así como hicimos cuando desarrollamos los feudos ¿se acuerdan? o así como desatamos la Revolución Industrial.. ¡Que vergón nos salió aquello!… y yo estaba contento porque todo marchaba bien. La avaricia se estaba entronizando como práctica importante en la población, pero vinieron ellos y mira lo que han hecho. Hasta el nombre le cambiaron a la avaricia, y ahora le llaman búsqueda de oportunidades; y miren que la avaricia la multiplican en escala, y lo peor es que no se tientan el corazón para llevarse entre los pies a otros. Yo no entiendo cómo, pero ahora ellos no sienten que eso es malo, sino que lo ven como bueno y al no sentir en su corazón la alegría de la maldad que hacen, me dejan a mí sin cumplir con el propósito, pues la idea es hacer maldad con placer y con ganas, y sin arrepentimiento. Pero el caso es que hacen las cosas malas y le cambian hasta el nombre para que tenga una connotación buena. Lo hacen de manera natural como si aquello no fuera malo. ¡No sé en que fallamos! yo estoy desalentado, y la pregunta que hago es ¿Cómo voy a llevar la avaricia a la gente?¿ Cómo se las voy a inculcar si ellos ya le dieron vuelta? y lo hacen con tanto tesón y con tanto ahínco que hay unos que hasta hablan de emprendedurismo, y hablan de responsabilidad social empresarial. Y hablan de valor compartido. Y hablan tantas maravillas que hasta a mí me marean, y yo ahí cada vez me siento inútil y ya no tengo motivación para seguir con la gran misión diabólica de entronizar la avaricia en la humanidad, si ellos nos han quitado esa bandera de acción. Los gemidos y lloriqueos de aquel demonio eran desgarradores.

Todos los diablos comenzaron a chillar y no se rasgaban las vestiduras porque no tenían. Sentían cosas feas en su cuerpo peludo. La comezón les hacía restregarse contra las paredes. Desfallecían y ya no sabían que esperar. Veamos que dicen los demonios mayores dijeron… pero no dejaban de retorcerse y no terminaban de asimilar lo que les acababa de referir el demonio sobre la avaricia. Cuando llegó el demonio especialista en la hipocresía, y entre llantos de estirpe infernal, solo dijo que en lo tocante a él, se daba por jubilado, pues ¿cómo iba a predicar hipocresía, donde todo mundo la asumía como si nada? Y donde cada vez más la desarrollaban con tino y sin ningún esfuerzo, que a él pena le daba el trabajo que le habían dado. Y que conste dijo, que la vergüenza es algo ajeno a los demonios.. ¡Pero miren a lo que hemos llegado!, les dijo con voz trémula a los ahora escuálidos demonios.

Así cada demonio iba contando su fracaso entre los hombres y todos tenían el sentimiento que habían sido superados.

Los diablos viejos y sabios, al ver que al fin hacían quórum, instalaron la reunión y comenzaron. La agenda que en otros tiempos se respetó a rajatabla, en esta ocasión no tuvo la misma suerte y fue una asamblea tumultuosa, y que los diablos mayores solo lograron hacer respetar a fuerza de lúgubres rugidos, y a fuerza de ofrecer transmutaciones angelicales.

Después de sesudas y sentidas intervenciones, tomó la palabra el diablo de mayor investidura, que se notaba por el tono más rojizo de su piel que caía en pedazos, así como por la sanguinolenta saliva que se le escapaba de la comisura de sus gruesos y caídos labios, como por las secas y enormes manos de color cobrizo y piel de sapo, y dijo, mientras todos guardaban silencio: Todos hemos escuchado las vicisitudes en el trabajo que durante la eternidad nos ha tocado desempeñar, y se supone que mientras la humanidad exista nosotros debemos sembrar la semilla de la maldad en todas sus formas, y eso hemos hecho. Y si no fuera por el sentimiento de desventura que se percibe en esta diabólica asamblea, podría decir que hemos tenido un éxito inesperado, pues vemos como la maldad impera por todos lados, aunque se arrope de otros nombres, lo cual en verdad no es más que la especialización de la maldad. Siento decirles que la responsabilidad es nuestra, pero para consuelo de todos ustedes, debo comunicarles el informe que he recibido de la parte celestial, y dice en lo medular así: Cunde el pánico entre las huestes angelicales porque sienten que han sido superados. De buenos que se creen los humanos que hasta juegan a ser Dios y a suplantar a Dios, y que hasta agarran como deporte eso de decidir sobre la vida y muerte de los demás, circunstancia que es propia solo de la divinidad. Manifiestan los clarines del bien que se sienten desanimados y que no saben que hacer. ¡Demonios de esta asamblea! ven ustedes como los humanos han caminado sobre rutas inesperadas por nosotros mismos. Ven ustedes como hemos sido sorprendidos en nuestra mala fé, y los humanos han hecho del mal – y del bien también- una simple operación sin contenido, sin sentido, sin sentimiento, sin el sabor del placer y sin el factor del probable arrepentimiento. Los humanos se han superado a sí mismos y nos dejan a nosotros solo con los colochos hechos, pues técnicamente no pueden ser almas condenadas si lo que hacen, lo hacen desprovistas del sentido del mal y lo hacen solo porque hacerlo les da mayor comodidad. Siendo así, la conclusión a la que hemos llegado es esta: Todos, sin excepción debemos aprender de los humanos a ser malos, porque ellos son muy buenos en ser malos, y nos hemos quedado a la zaga. Hacer la maldad, con esa naturalidad, con que ellos la hacen, sin tener sentimientos de culpa, ha de ser lo más sabroso que hay. ¡Demonios, vamos a la escuela de la maldad, donde los maestros son los humanos!

Aquella reunión, a pesar de no ser concurrida, pues muchos demonios habían quedado en el camino, debido a la maldad humana, chirrió, se estremeció, retumbó con aquella nueva disposición de la asamblea demoniaca. Nunca se había dado tal cosa. ¡Los demonios aprendiendo de los humanos!

(Carlos Elías)

Justo mejía: Recreación de su rebeldía (Carlos Elías)

 

Justo Mejía. Recreación de su rebeldía

Subió río arriba buscando el origen  del mismo. Al ver que  era tarde decidió suspender el recorrido  y regresó a casa. No le contó a nadie  lo que había hecho. De todas maneras las “Alas Blancas” que llevaba  eran buena justificación. Su mamá las hizo en sopa  de arroz aguado. Suculenta cena. Sí;  cena. No iban ellos a respetar el protocolo de comidas  si solamente aquello había para  cenar.

No concilió el sueño. Pensando y preguntándose de donde venía el río. No tenía valor de preguntarle a alguien, pues siempre que preguntaba  cosas le  replicaban con un cállate bicho loco, vos solo tonteras decís. Aunque aquello para él no era tontera alguna.  Al fin y al cabo de un lado tenía que venir el río y él quería saberlo.

Al día siguiente aprovechando que era domingo, agarró de nuevo  río arriba,  esta vez llegó más lejos,  pues conocido el camino se detenía menos y avanzaba más… en un momento el hambre le apretó,  pero aquellos parajes  daban lo suyo y entre mangos sazones, marañones y motates de los piñales, mitigó con creces el pedido del estomago que, dicho sea de paso, estaba acostumbrado a poco alimento.

Pero pasó lo mismo de nuevo y la tarde  apareció, amenazando devorarlo. Decidió suspender de nuevo y bajar por la ribera del río, hasta la casa.  Ahora llevaba cangrejos y pepescas que, aunque le había quitado tiempo apresarlos, le  permitían  justificar sus largas ausencias de  casa.

En la casa, más bien le  ensalzaban por ser un buen proveedor y no le ponían atención a nada más. Él se acostó pensando siempre en lo mismo, y peguntándose de donde vendría el río.

Su padrino era caporal de la finca donde vivián como colonos, y siempre que le veía le daba un par de centavos para los dulces. Había en ese encuentro de padrino y ahijado un cruce de palabras y símbolos, y luego se marchaban satisfechos del deber cumplido, pues en verdad eran buenos cristianos. Al caporal  ya le habían comentado de que  su ahijado era curioso… y bien sabía él que los que preguntaban por las cosas generalmente terminaban emproblemados.. un poco le preocupaba, pero se consolaba, diciéndose que solo eran   cosas de cipotes.

Recorrió el río varios días, y nunca le daba fin, siempre le agarraba la tarde  y tenía que regresar sin la respuesta que quería,  y  en ese afán  otras preguntas  surgían  y  la verdad que la curiosidad le picaba y las respuestas no le llegaban, o no le satisfacían. Un día le preguntó a su padrino, agarrando  mucho valor para  ello, que hacían los dueños de la finca con todo el pisto que ganaban. El padrino quedo descolocado, pues ni él se había hecho semejante pregunta, y solo acertó a decirle… “lo ponen en el banco  ahijado, lo ponen en el banco”. El caporal se quedó entre pecho y pecho con la misma pregunta y  pensaba en su ahijado y sus correrías.

Siendo ya un jovenzuelo,  agarró trabajo de peón para ganar algunas fichas, pero no se sentía nada a gusto, pues allá en el fondo tenía la idea que la paga  no era nada a todo lo que él producía,  sentía que  había algo que no cuadraba y no entendía porque, pero sentía una relación entre la pareja de guardias nacionales que había en la finca y esas preguntas que se hacía. Sobre eso a nadie le dijo nada, pues el mismo se sintió afectado por  lo que iba sintiendo y comprendiendo y algo le daba  cosquilleo aquello; como un presentimiento de que se iba acercando a la verdad de aquellas preguntas que se hacía.

Un día  de tantos, en el pueblo escuchó un discurso de unos universitarios, que curiosamente  le contestaban las preguntas que él se hacía una y otra vez y que a nadie se las externaba, pues sentía un no sé qué. Sentía que en todo eso había un misterio. Escuchó por vez primera la palabra injusticia. Se sintió identificado con aquello, pues  él solamente había escuchado hablar de justicia divina y nada más.

Tenía ya  veinte años, la piel curtida,  enorme experiencia en el trabajo, mil preguntas  en su cerebro, y una fortaleza y tenacidad que le venía de los días aquellos en que caminaba río arriba buscado el origen del río donde se bañaba.

Se acercó  con un dejo de timidez al universitario. Lo escuchó hablar y tomó como un tesoro para si mismo otra palabra nueva que le  gustó mucho: Organizarse.

Esa palabra le  sonaba con un eco infinito en sus pensamientos, por eso  buscó y buscó, hasta que pudo organizarse, y una vez en la organización, siguió buscando río arriba, el origen de todo, lo cual le hizo destacarse y convertirse en un dirigente campesino, y procuró siempre  llevar esa palabra a la gente. Sin embargo, también encontró respuesta al misterio de  la presencia de los guardias nacionales: Una comisión de guardias nacionales lo buscó y lo asesinó;  así como lo hacían ellos, con  lujo de  violencia y barbarie, pues para eso eran autoridad. Desde entonces Justo Mejía, así se llamaba aquel  campesino  de inteligencia nata, quedó en la conciencia de los campesinos, buscando las respuestas a las preguntas que los inquietan, desde ese espacio que él  luchó por instaurar como un derecho de la gente: Organización para luchar contra la injusticia,  por eso  en esos parajes campesinos suenas los estribillos de Justo Mejía: Acérquese compañero, A reclamar su salario, Porque es lo que exigimos, Todos los revolucionarios, Nosotros lo que exigimos, Salario de 11 colones, Y también lo que exigimos, Arroz, tortilla y frijoles.

(Carlos Elías)

Demonios que provocan mis gritos (Carlos Elías)

 

He caminado tanto. Nunca me senté a la  vera del camino. Caminé y caminé, impulsado por un deseo, por una esperanza, por unas ganas  de algo que yo mismo sabía definir con exactitud. Así en ese caminar, tuve trifulcas  que  definieron mi serenidad. Golpeé rabioso hasta sangrar al jovenzuelo que osó sacarme, a su vez, sangre  de mi naríz propensa al desangramiento, todo eso frente a  un círculo de hombres maduros que aprobaban sabiondos aquel proceder. Yo quedé satisfecho de orgullo. Ellos también quedaron satisfechos de su juicio, y el  otro cipote quedo con su cara morateada pero sin sangre.  Así pulí mi ser. Decidí que mi retaguardia segura no era mi fortaleza física, y decidí que la injusticia había que combatirla. Así cultivé en mi vida un poco de ingenio, un poco de desdén, un poco de insolencia, un poco de sicología práctica. La suficiente para  manipular aquí , allá, lo justo para que mi endeblez física no se hiciera notar lo suficiente.

A hurtadillas tomé dinero que no era mío  para satisfacer deseos de  un mozo que  gustaba jugar futbol en la barriada. Leí a Emilio Salgari como un asiduo lector, conocí de piratas, de valor, de audacia, de peleas, de honor, de amores. Por esa vía  llegué a mundos nuevos. Julio Verne era mi amigo,  y viaje en mi vida  a estas alturas venta mil leguas de viaje andarino.

Fui cortador de café bajo fríos intensos. En aquellos grandes cafetales me perdí varias veces, y lloré al principio;  y luego entendí que siempre había estado perdido. Leí de Robin Hood,  que se mezclaba con noticias inquietantes de los periódicos , esos que aún subsisten y que aún envenenan.

Los muchachos se alzaban en armas y yo tan solo podía ir a comprarles cigarros,  mientras pedía por ellos en mi corazón de romántico justiciero. En ese ir y venir le pedí a dios una barba, que me concedió. Después le pedí un  fusil que también me concedió. Pero no fue fácil ese camino: Ví a la muerte que danzaba alegre en el festín,  supe de sus  antojos. La ví  eructar  luego de saciarse hasta el hartazgo. La vi beber sangre con una sed   infinita, y la vi al final, sonriente, enseñando sus blancos dientes, incrustados entre huesos viejos, que la sostenían.  Y eso me revuelve todo, me hace gritar desgarradoramente; grito que se hace lágrima, mientras rememoro  los seudónimos de   combatientes caídos, mientras recuerdo con tristeza la  facilidad con que el Ejército del Estado se deshacía de las personas de   caseríos enteros. A la muerte  también le ganábamos algunas partidas:  En aquellas hamacas  improvisadas llevábamos nuestros  heridos, buscando la curación. Al salvarse ellos, me salvaba yo; al morir ellos, una parte mía también moría. Por eso no estoy completo. Mutilado estoy de una parte de mi alma, que reclama  día  a día por esos desaguisados sociales, que provocan  jolgorios de muerte  interminables.

La justicia no llegó. Quizás es más malvada de lo que pensamos, o nosotros somos más demonios de lo que  creemos.

  Pues bien, así como me sucedió a mí, le sucedió a muchos otros. Nuestras agitadas vidas pueden contar  que entre  toda esa vorágine de  vidas incendiadas, la única calma era la joven bonita que  nos daba una sonrisa y nos daba un premio mayor: copulábamos con tanto ardor y pasión,  que aquellas jóvenes  nunca se han sentido tan bien amadas. A pesar de la ordinariez  de nuestras vidas, teníamos  en esos momentos una explosión de sensibilidad, que  las  muchachas querían siempre más, pero la noche también era peligrosa y había que hacer posta. La huesuda acechaba. Quiero decir que la alegría y la felicidad solo era estrella fugaz en aquella noche oscura.

Entre llevar cigarros y café a los compas y tener mi propio Ak en las manos,  hubo un largo trecho; manifestaciones, charlas, lecturas, reclutamientos, peligros, pintas, mantas, bombas, papas, molotov,  clases, cárcel, torturas, golpizas, entrenos rudimentarios, procesamientos, declaraciones judiciales, risas, tristezas, operaciones militares, presos, prisioneros, colaboradores,  traidores, combates,  escaramuzas, campamentos,  formaciones militares, ofensivas,  ordenes, guerra, emboscadas, organizaciones,  procesos sociales, muertos, paz, fusiles, heroísmo,  sangre, lágrimas.

Todo eso al por mayor. La regla, no la excepción, la norma, el pan de cada día. Resultas de eso cada sobreviviente es un libro ambulante: hombres con cicatrices en sus almas, que somos selva  virgen a la sicología. La justicia nunca llego, a cambio solo  cultivamos  angustia.. que se quita únicamente con  gritos desgarradores que asustan lo poco que quedó de nuestras veteranas almas, que preguntamos compungidas ¿por qué  señora justica, sos tan esquiva y tan voraz, que  reclamas sin  miramientos  sacrificios tan horrendos, para poder acercarnos un poquito a su realización?.. ¿es  que a los siervos de la gleba, siempre nos tocará así?

(Carlos Elías)

Tus sonrisas. (Carlos Elías)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tus sonrisas son…
Dibujos graciosos en  la piel  de tus labios,
Señas  que  vuelan;
Y que inquietas suben y bajan,
Revoloteando en mi  vista;
Aletean  juguetonas,
Quedándose  quietas de repente;
Levitan abanicando alegría:
Jolgorio de mariposas  divinas….

Pinceladas de magia color sonrisa,
haces  de luces que germinan;
desde el volcán de donde fluyen tus sonrisas,
la energía de tu halo se multiplica,
felicidad que estremece!
Eternas campanas  que acompañan;
La breve estancia de tu  dulzura en mis guetos,
Es tu rostro el cáliz de donde bebo;
Tus sonrisas  a modo de  poción angelical,
Que  brotan suaves  y se vacían primorosas;
En mi vasija de sentimientos dormidos,
Que colmados  de ti en sonrisas, despiertan y se regocijan:
Obra   de tu sonrisa..

(Carlos Elías)

Sentires (Carlos Elías)

 

SENTIRES

Gratitud
cuando veo su nombre
en los cristales de mis ojos.

Alegría;
cuando siento la rapidez de sus  buenas vibras,
que llegan  potentes a mis dominios.

Devoción,
cuando la acaricio en sus vibras
y me dice que está conmigo..

Inquietud,
cuando sus pensamientos
retan sus íntimos deseos..

Triunfo,
cuando  mi corazón se estremece,
al estrechar el suyo,
pues es la señal
de que nuestro amor vive y crece.

Felicidad,
cuando  envía sus besos
a coronar este amor que es mi  mejor arte.

(Carlos Elías)

Como flor de las once. (Carlos Elías)

(Carlos Elías)

MAYAS Y 21 DE DICIEMBRE. (Carlos Elías)

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Hijos del maíz los Mayas. Supieron que  el tiempo afecta la mente, y además  mezclaron enigma en proporción justa.. el resultado es  el control sobre nosotros:  El veintiuno es el fin dijeron. Menos mal que a buena mañana me he dado cuenta de la farsa. Los Mayas, se han reído  siempre de nosotros y nosotros  gran respeto que les profesamos, incluyo en ello a mi amigo Gálvez, el gran hermano..¿saben quien es Gálvez?  ya les contaré…. ahora  les sigo aclarando el asunto este de los Mayas y el  fin del mundo según los Mayas. Quiero que me acompañen (uno por uno, mejor)  y vayan conmigo ahí merito en ese tiempo  en que el astrónomo Maya estaba concentrado haciendo el calendario….. fijémonos bien, el astrónomo era un  sabio,  y aparte de sabio tenía plante de sabio, dignidad de sabio, sacerdote Maya a carta cabal, dueño de   la sabiduría ancestral de su pueblo.. concentrado, bebiéndose una infusión que le  aclaraba más sus  sentidos, (puya, no invita)  y lo cual, indudable le permitía,  aplicarse en propiedad al asunto que le ocupaba que era armar el calendario Maya.

 El Popol Vuh, hace unos amagos en explicar el asunto, pero no lo hace, pues al mismo seguramente le hace falta la parte aquella donde  Hunahpú e Ixbalanqué, se pelean al modo Maya; además no se aclara nada sobre el  tzolkin que tiene de 260 días, ni su  relación con la cadena del ADN. Puro misterio. De ahí que debemos  distinguir entre los Mayas terrestres y los Mayas galácticos. Dicen, en todo caso, que  Fray Bartolomé de Las Casas, descubrió el secreto y el mismo está bajo resguardo en  el Vaticano;  es frecuente que algún cardenal sea  sujeto de conspiraciones en la  sorda lucha  que existe entre las sectas cardenalicias para hacerse con el secreto, pues teniéndolo; se revela la verdad del cosmos.  La joda está en que la maldición dice que el que  vea la revelación, muere fulminantemente… y es un derecho del Papa  abrir la caja de pandora o no abrirla;  dicen que el Papa bueno nomas agarró el cargo, corrió a  ver que decía y ¡zas¡ se  lo llevaron los  Mayas galácticos… Juan Pablo II, tan sonriente y prudente,  no cedió a la tentación, por eso su pontificado duró lo que duró…  a don Benedicto le deberían aconsejar que vaya  ver que hay ahí… tal vez  ya en la casona  del mero, le  digan que si hay purgatorio y que si hubo mula y buey.. ¡miren que meterse con el nacimiento de Jesús¡.  Pero bien volvamos al caso que nos ocupa, los mayas  y su ociosidad que nos tiene  pensando en el Baktum.

Agarramos con las manos en la masa al  sacerdote Maya;  hemos visto que  escribió el calendario, y lo hizo bien, pero vio que era muy serio y dijo, un poquito  de sarcasmo no caería mal, ¿lo has oído verdad? , mirale la sonrisa de  picaro,  mira como  puso  los símbolos Mayas de tal manera que  al ser leídos por los “entendidos en la materia” la interpretación  fuera dispar, al ser dispar,  llamaría la atención, al llamar la atención, la gente hablaría de ello, al hablar de ello la gente pensaría, pero lo importante  sería, que  al final de los tiempos,  donde hay hombres hombres, hombres mujeres, mujeres mujeres, mujeres hombres y cualquier otra combinación posible,  supieran que  hace un mundo,  hace tantas eras, hubo un pueblo, los Mayas, y que fueron tan san vergones, que nos han afectado nuestro tiempo, colándose en sus rendijas, y ahora mismo hablamos de ellos  de  como nos vieron la cara.. ¡infelices, felices¡¡.  

 Como resultado de nuestra investigación resulta que el veintiuno solo habrá un salto cuántico de un día a otro;  el que no  salte bien, caerá de manera irremediable al abismo, seguirá latiendo su corazón, pero su conciencia  quedara en el limbo   de los mayas galácticos, que usan esas conciencias como energía  imbecilica. La gracia está en que el  veintiuno saltemos bien, y ya…….. así amaneceremos bien el veintidos.  Este mensaje debe repetirse en cadena,  por lo menos a veinte personas de este mundo, porque  de no hacerlo o de cortar la cadena, no tendremos energía para   dar el salto y  vamos a perder la conciencia.. y ya saben que en guerra avisada no muere soldado.

(Carlo Elías)

Clamé por amor

Mi luz primigenia se esfumó,
Entre siglos de segundos y minutos,
Que apuraban testarudos,
Las tinajas del viento…

Torrentes eclipsados,
Por la paz y su ausencia,
Por el vacío en el cauce,
Por la imposibilidad del firmamento..

Mi luz se estremeció sin esplendor,
Agobiada por músicas ajenas,
Que sorbían insaciables,
Los viñedos recónditos,
Del cielo azul y profundo…

Furias plausibles,
Ondearon portentosas sus notables esfuerzos,
Al paso quieto del séquito presuroso;
La calma se aferró a la tímida luz,
Los lobos aullaron de nuevo,
Como en aquella fase de la luna,
Cuando yo clamé con un rabioso coro de lobos,
Una oportunidad para mostrar mi luz..

La nota que dejó mi madre bajo mi tierno brazo,
Ofreciéndome en sacrificio a los dioses del porvenir
Perdió vigencia y los misterios fueron escombro;
Hombre fui, que clamé por el amor bajo la luna soberbia;
Y sucedieron irredentos todos los torrentes,
Quedando de ellos apenas,
Un lastimero fuelle..
Mi voz perdida entre ellos
Mi amor deshecho entre las patas de los lobos..
Que no comprendían porque aullaban con más rabia..

Mi luz quiso ser luz,
Y no fue nada….
Desde entonces, cada vez que los lobos aúllan…
Los traviesos Gnomos se acuerdan;
Que una vez un hombre;
Clamó por amor
Pero el clamor
Se perdió entre la sinfonía de los lobos;
Así hoy día,
Cuando el enamorado agudiza el oído,
Y logra escuchar de entre la sinfonía de los lobos,
El nombre de su amada que aquel hombre deslizó,
En oración y tormento..
Seguramente solo estará agregando,
El nombre de otra mujer amada….
En la imposibilidad del firmamento;
Que se los lleva entre las tinajas del viento,
Que crecen entre los viñedos del cielo azul y profundo.

(Carlos Elías)

Mujer Mía

Mujer mía.

Que se queden
Los caracoles con su blancura
El diablo con su diablura
La noche con su negrura
Y yo con tu dulzura.

Que gocen:
Las abejas con su miel
El músico con su canto
La planta con su savia
Y yo con tu sonrisa.

Que se sorprenda
La madre con su hijo
El huracán con su fuerza
La brisa con su viento
Y yo con tu caricia.

Que se desmaye:
La niña de la sorpresa
La mujer por la impresión
El hombre por su proeza,
Y yo por tu delicia.

Que pinte el pintor
Y el cuentista cuente cuentos
Y que invente el inventor
Que yo me hago soñador
Gozando de tu favor.

Que el millonario tenga dinero;
Y el cura tenga fieles,
Que todos tengan lo que quieran
O lo que pidan primero
Que yo mujer mía
Solo a vos te quiero ¡¡¡

(Carlos Elías)

HUMANOS CIGARRAS

Poema de Gunter Grass, sobre Israel.

Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años -aunque mantenido en secreto-
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor…
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque -suficientemente incriminados como alemanes-
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.

¿que pasó con Israel?.. (Carlos Elías)

TU COSMOGRAFIA, CUERPO HERMOSO

HORIZONTES. (Carlos Elías)

ensayito sobre la muerte

“La muerte, temida como el más horrible de los males, no es, en realidad, nada, pues mientras nosotros somos, la muerte no es, y cuando ésta llega, nosotros no somos”.

Epicuro.

ensayito sobre la muerte.

(Extracto)

 Pensar y escribir seriamente sobre  ella………………………..cualquiera  creería que al pensar escribir  sobre ella es  inoficioso, pero eso  nos pondría en el lado equivocado. todos pensamos en ella,  con alguna frecuencia, la muerte se nos cruza con su halo de misterio y a veces con su fuerza de  iman , nos jala a su seno…

Esa circunstancia me lleva a  compartir el  relato  personalísimo  y sobre todo subjetivo, sobre la  interiorización de la muerte o del fenómeno de la  muerte y del suicidio. visto desde mis antojos por ella, y de mis  elucubraciones por ella y sus posibilidades

Y digo que es un abordaje personalísimo, porque de lo que aquí se diga solo yo respondo; y claramente he de establecer que escribo sobre este penoso y difícil asunto en un momento  en que  siento una joroba inmensa a mis espaldas; cual es el hecho de  cargar, con todo lo que pesan, mis angustias, mis miedos y otra vez mis culpas.

Me veo en una situación peculiar y  feliz para  hablar   con voces duras, sobre ello: arrastro el dolor suficiente y la desesperación adecuada que me libera del recato y la prudencia, de la ética de la responsabilidad; y me convierte en adalid de  la irreverencia y de la provocación.

Así  desnudo física y mentalmente, con mi cuerpo abrigado solo por la brisa de un pinar  inventado, porque aquí donde creo estar solo hay zarza,  teniendo por horizonte una cadena de montes, valles, montañas y ríos; que se arquean y se estiran alargándose innecesariamente, hasta perderse  de mi vista, convirtiéndose   sospechosamente en un punto lejano que evoca misterios jamás dilucidados,  dejándonos  en un estado sobrecogedor  cercano al misticismo o a la locura. Y al bajar la vista  se observa un precipicio de  tantos metros de altura, que aconsejan el mas inmediato retiro, por el peligro que  coquetamente ofrece.

Así  ese escenario    invita a  pensar con la seriedad del caso, en ella. En la muerte que equivocadamente  nos presentan ataviada de negro, cadavérica y  con  la enorme guadaña que amenaza, cuando quizás su forma tenga la pinta de una modelo; que solícita nos da cariñosas y soñadas  caricias.  Read more

 Carlos Elías

Somos de maiz

HIJOS DEL MAIZ

Silencios…

Has construido con paciencia
Tantas pinceladas de silencio
Que al venir yo y hacer recuento
Me pierdo, en el laberinto; en el recuerdo.

Ninguna forma existe de apuntarme
En las muecas y signos que has forjado
Y que dejados libres al viento
Hacen prisión de mi pensamiento;
Y sin decir nada que se escuche
Vago inerme, sin cuerpo;
Y lo que es peor,
Voy y vengo buscando mi alma;
Que queda guardada en algún resquicio,
A la espera de tu honda palabra,
que traduzca como un juglar ;
tus cuentos , decires y juramentos
y así que me libre, que me diga,:
cuanto tiempo aún debo esperar
a que contestes, y que cures
mi anemia de tu voz;
que conjures mi odisea;
dando paso a que crea
en tu cariño, en tu espera,
solo así mi cuerpo y alma;
será el de antaño:
el que alegre
ha evocado tu nombre exacto,
y que navega apacible en este universo.

(Carlos Elías)

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