El silencio también mata, ¿saben? El silencio asfixia y distorsiona. El silencio frustra cuando no es después de una caricia o un beso, o previo a ello.

El silencio, menudo sentimiento regordete en la garganta de aquellos a quienes nos resulta difícil exteriorizarnos, frustración para aquel que espera una palabra de nuestros labios, para quien trata de comprendernos, de conocernos.

Los poetas, los escritores, los creativos y aquellos que sufren por dentro una maraña de batallas épicas y sin fin, todos aquellos que sufrimos de esta catástrofe del silencio gordiano acumulado en nuestro ser, haciendo presencia con una maraña de ideas, miedos y sensaciones, sabemos que una fobia solo se erradica enfrentándola.

¿Qué hay de quien desea expresar su ser? Estamos quienes no podemos contarle a los demás lo que somos, lo que pensamos, y lo que nos da batalla en nuestro interior, ¿Por qué? Si la gente común y corriente lo hace, pues bien, para esto se requiere estar roto. Roto del alma, tanto como un buen poeta nacido para ello. Roto o rasgado en algún momento de su vida, que sabe el contraste de la felicidad y la amargura, y ha aprendido a ver la vida de distinto matiz.

Hay quienes gozan del silencio, pero también estamos quienes somos consumidos por él, como una braza abriéndose paso entre la piel, el miedo que nos convierte en tartamudos quedándonos sin la palabra precisa, y con el sentimiento de que al hablar ponemos en manos de quien escucha una parte de nosotros, y temer ser destruidos.

Tunguska Electronic Music Society

Krissia Quesney