I. El  Inicio.

Nunca se había planteado ni había mirado más allá de las rutinas establecidas. No había esperado ni deseado nada hasta que llegó la luz, haciendo tambalear los cimientos que consideraba sólidos. Sintió como la envolvía y  poco a poco  penetraba en lo más profundo e íntimo de su ser, consiguiendo que llegara a cuestionarse hasta la más ínfima situación. La llevó  a diseccionar lo que hasta en ese momento ella hubiera considerado el más absurdo y loco pensamiento. En ocasiones se sentía exhausta, como si la llevara al límite y estuviera a punto de romperse, pero era la única manera. Tenía que destruir, para luego rehacer si en verdad quería encontrarse con la esencia del mundo y salir transformada en la persona que en realidad siempre fue.

Aquella mañana el coche inició su marcha con destino ya conocido. Sería un día igual a otros que ya se sucedieran: tumbonas, protector solar, chiringuito, juegos, arena y mar. Pero algo era distinto, y ese algo era ella junto esa nueva forma de ver y sentir. El mar se había transformado en ese exquisito amante que penetraba por sus más profundas intimidades. La arena, en fiel testigo mudo de las caricias de manos sedientas de placer. Las dádivas marinas ensartadas y preparadas al fuego del olivo eran en su boca el sabor de lo prohibido. Mientras las comía, su piel se erizaba al sentir el roce de la mirada de aquel dependiente que, sentado a la puerta de su negocio, la desnudaba con el deseo. Sí, podía sentir el tacto de aquellas manos llenas de trabajo recorriendo su excitación y como la llevaban hasta el punto de no retorno donde solo quedaba dejarse ir.

Antes de la llegada de la luz siempre se había perdido entre puntos y comas, en lo infinito de los puntos suspensivos. Sus ideas solo se hilvanaban de seguido en su mente y solo ahí tenían un sentido  dentro un guión que se escondía, evitando  expresarse en el mundo tangible. Pero el cambio se había iniciado y le arrancaba capas de absurda inmundicia, de pensamientos preconcebidos y de normas establecidas por otros que nada tenían que ver con la verdadera vida, y comenzaba su andadura sobre él.Aquella nueva actitud ante la vida, impregnada de placer, fue bajando por su garganta e inundándolo todo, logrando que en un día más de playa y en la recreación de algo tan carnal, encontrara el sentido de la verdadera entrega y la magia de ver el mundo con aquellos nuevos ojos. Un mundo oscuro y oculto para muchos, pero que la empezaba a  reconciliar consigo misma y con su verdadero ser, mostrándole la infinita dicha de sentirse sensual, plena y libre.

Aún quedaba mucho camino por recorrer pero ya no había cabida para la marcha atrás. Estaba dispuesta y se sabía con la capacidad de hacer brotar la sal y de conseguir provocar las salvas, solo era cuestión de tiempo. Tenía claro que no sería fácil arrancar tantos años de podredumbre,  miseria y de hábitos  insertados desde la niñez, pero la luz estaba ahí para guiarla, para mostrarle y hacerle ver…

(Jimena)