Fernando, todas las mañanas y todas las tardes, al punto de las seis, iba a poner y a quitar el sol, como creían los vecinos del pueblo Solosueño, pues se decía que dentro del talego de escrotos de chivo, que siempre mantenía asido a la cintura, guardaba los mecanismos  secretos de la radiación solar y de otras taumaturgias. Vivía en una casona destartalada llena de sapos, pájaros terroneros y lagartos sacrificados, que con sus manumisiones vejigointestinales, habían descompuesto el aire en una pestilencia desnarigable. Tal vez por eso Fernando solía sacudirse al primer toque del alba y partía hacia el lugar de su encanto, perseguido por el desaforado ladrar de los perros, que durante las muchas generaciones de su obsesiva peregrinación, nunca se acostumbraron a esa facha de espantajo volador.

   Tampoco convenció a los niños y muchachos, pues a su paso le tiraban piedras y le armaban una batahola del diablo. “Fernando, se te cayeron las banderas del pantalón… Ferna, oculta el sol para elevar el barrilete… Fernandón, ve!, quieres éste caramelo… Fernandito, hijoetuperrisimamadre, báñate!… Fernandete, cara de estropajo embutido, me asustaste… Fernandillo, te cogemos… tu ciencia de chivo…”, le decían en greguería siempre que tenían la ocasión, y era la única oportunidad en la cual se podía observar en Fernando alguna manifestación de miedo o de alegría, pues para todas las demás cosas, era un tambor destemplado.

   Sin embargo, en el cedazo de la imaginación del pueblo Solosueño, seguía siendo el enredalapita de todo enigma soluble, pues en torno a él se había entretejido un sartal de dislates de firmes y lejanas raíces.

   Todo empezó cuando vino, a principios de calendario, el enviado Matusalén predicando el acabóse para recoger los trapos sucios de la imagen cristiana, y preguntó sorprendido quién era ese gallinazo enveranado…

   “-El hijo del viejo brujo del diantres que le dio de coces a la efigie del bendito, cuando la paseábamos en parihuelas, en una procesión rogatoria para que no aparecieran tantos algodones desflorados en la capilla, el mismo día que el padrecito rehusó cristianarle al ratoncillo envuelto en esterillas, que era entonces el Fernando. Este mismo que vive en esa casuca por donde no se puede pasar de la peste, y donde, por las noches, se levantan castillos de fuego, que nadie puede mirar, so riesgo de quedarse ciego para toda la vida, como le pasó a la hija del alcalde que por eso lo mandó a matar, pero no consiguió siquiera asustarlo, pues ese Cristo empapelado o el rehilete, como le dicen tiene los mismos pactos que su padre con el demontres, y desarma a los enemigos sin dejarse ver, como que se sabe la amansajusticia, y se ríe de ellos y los retaca con candela, pues para que lo vaya engullendo, eso es lo peor de todo; vea usted que en esa bolsa de chivo, guarda las llaves del sol, y lo abre y lo cierra, y hasta él mismo será el sol, ya que lo han seguido a ver que es lo que vela cuando sale a las seis, mañana y tarde, para allá donde se ven aquellas ceibas, en el estanque público, y nadie ha podido elucubrar nada, ni el mismo señor cura, quien un día dijo ay, Dios mío, si todos los caminos conducen a Roma, por qué nos obligas a vadear el Rubicón en volaterías, y lo fisgoneó con sus binóculos de papel, que se le volvieron ceniza, y entonces fue cuando nos reunió a sus besapiés y dijo que lo mejor era no seguir creyendo que existían fantasmas y punto-“.

   “-Mentiras, imaginerías, sueños… La luz de mis abscónditos escrutinios arroja que ese pollo emparamado que es ahora Fernando, era el niño de ojos glaucos que sus hermanos cambiaron por “algodones americanos” y boletos para ver a los magos de la cuerda, al dueño de un circo que lo crió y lo empapó de los misterios de sus demiurgos… Da grima no haberlo visto arañando en el trapecio… ardilleando en un arco claveteado de bicicleta… tragándose un purgante de vidrio molido y trasbocarlo digerido en bolas de cristal con lombricillas de oro… o soportando el fuego en la hoguera del sacrificio como un becerro metálico en Bengala, para berrear sentencias iluminadas que dejaban babilargos o legos y doctos… Esa resumancia prodigiosa le granjeó el odio de muchos compañeros, pues no hay peor cuña que la del mismo palo, y un día, cuando mas concentrado estaba en la sesión del fuego, uno de ellos mordió un limón en cruz y a Fernando se le fueron eclipsando las bombillas del caletre, y se echó a correr caminos… hasta cuando vino a dar a este pueblo de calles pegajosas, móviles entrecruzadas y a menudo cubiertas por una babaza como de pócimas de yerbario, por donde se deslizan arañas alucinadas-“.

   “-No faltan quienes dicen que Fernando está así, avetolondro, porque se burló de la única mujer que lo amó con pellejo y todo cuando era colegial, pero él no quiso corresponderle, aunque bien echado estaba, porque ella había sido la alcancía de todos sus amigos en el cabaré de en frente del colegio; ni aún después que se vistió de santa monopecadora, y le dijo claro y cantando que la novia del estudiante no podía ser la esposa del doctor, y le tiró las puertas, sin siquiera darle las gracias, y a ella se le inflaron los ojos de sangre y el pensamiento se le ennegreció, y besándose los dedos se dijo, por esta santísima cruz, que ni serás profesor de historias ni qué mierdas, y con artimañas de nigromanta le arrancó un cabello del cráneo, el día de su cumpleaños, y se lo incrustó en el buche a un gallinazo… y abracadabrete, cabeza de rehilete… Después se sonó que Fernando andaba un poco zafado, pues se ponía a chiflar discursos erásmicos, los cuales remataba diciendo YO, FERNANDO, EL REY SOL… y le buscaron brebajes hasta en la meca de la seca, pero nada que e le calmara el hormiguero y se dio a ver correr los árboles de los caminos como quien viaja en automóvil… hasta cuando llegó aquí con su fama de rey sol o solo, que será lo mismo, y el pueblo lo recogió porque estaba haciendo un invierno prodiluviano, arrumándolo en la casucha esa, que según un testaferro fue el nido de su desaparecida ascendencia…pero se cree que todo es obra del espíritu de su padre que le suministra el bolo calórico y lo maneja como a una pelota mecánica, para vengar las imprecaciones que el párroco le desbozalaba no se sabe a santo de qué… Así empezaron nuestros credos-“.

   …Matusalén, que no había enrevesado más palabras, sintió un extraño escalofrío y, sin despedirse, se marchó en la acémila ramonera que lo trajo, escupiendo maledicencias y acuciado por el górico coro de los perros endemoniados. “Pueblo fatuo”- pensó indignado.

   Mientras tanto, Fernando paseaba su liviana existencia por la telaraña trapezoidal de las calles de Solosueño, mirando siempre hacia arriba, como cantando las burbujas que forja la miraba al contemplar larga y fijamente el espacio. Mas no era eso lo que buscaba. Columbraba, miraba y remiraba hasta calibrar las serpientes multicolores que se bebían las nubes. Entonces, a pesar de la perrata de los muchachos involuntariamente se acercaba al sitio del recreo, en la laguna pública donde tributan todas las calles, que para él resultaba asaz doloroso, pues su fantasía era removida en sus herrumbrosos gozmes.

   Al principio cuando contemplaba el firmamento adornado de tantas abejas juguetonas, era feliz dejándose conducir por galerías fugaces del sueño; pero en cuanto soplaba un ventarrón que despistara alguna de las cruces empapeladas, haciéndola un rehilete, ahí comenzaba la desazón y un zarzal de imágenes buscaba irrumpimiento en su mente. “Ninfas emparamadas espejos papel bendito vueltas vueltas vueltas cápsulas infernales látigo invisible maldad tirantas ángeles sangre cocodrilos rehilete rehilete rehilete”, borboritaba como una lluvia bengálica. Y eran siempre las mismas ideas chirriantes, astillosas y vueltas torbellino de humo en torno al tolondrón de sus recuerdos.

   “-Estábamos elevando la cometa cuando vino una brisa loca que la desmadejó, lanzándola al agua. entonces, como Fernando parecía paralizado y no cerraba el llanto, le dije que por la mañana, a la hora que las ninfas salieran a recibir el sol, se lo devolverían aforrado en azul y blanco como los nichos de los ángeles-“, dijo Baquico do Nacemento a su mujer Magdalena Cleo, antes de que los encapuchados los colgaran de las tirantas y Fernando amaneciera en un lugar desconocido.

   Los muchachos lo abuchearon y salió disparado para la rabiza del pozo, donde acostumbraba cazar los animalejos que le servían de sustento. Mataba y guardaba en la talega. Luego, cuando los iba ordenando en filas, en el anfiteatro de su caseta, a cada una le soltaba alguna cantinela, a la manera que lo hacían con él la maestra Orfelia, el cura Ángel Polo y su madre. “Chis, chis, chis…  los espejos devoran a los niños desobedientes… Chis, chis, chis… los barriletes alcanzan a los ángeles… Chis, chis, chis… los ángeles son reflejo de virtud… Chis, chis, chis… los barriletes son el alma de los niños… Chis, chis, chis… barriletes, ángeles, rehiletes… Chis, chis, chis…”, repetía como un disco desrevolucionado lleno de “voces antiguas”, y al final de cuyo rito, daba pavor mirarle sus ojos de fuego semejantes a los de un perro picado por el agua.

   “-Siempre vivía lelo. Mientras enseñaba el abecé, estaba corriendo parejas imaginarias en cabellos de palo con un enanito bembón, que se lo ganaba por que su corcel tenía la cabeza de trapo y a él se le agarrotaban las piernas y todo era tinieblas… Y en misa era puro miedo. No podía soportar el momento en que el cura trajera a cuento la alegoría de la cometa que se convirtió en cocodrilo debido a que no estaba aforrada con el papel bendito de la capilla, porque a la salida no sabía irse solo y decía que el camino se le iba, lo extraviaba”-, dijo Orfelia.

  La noche lo había arropado. Ahora yacía postrado sobre unas esterillas deshilachadas, formando un emplasto fantasmal; caído en las profundidades pantanosas del sueño como un cilindro vacío arrojado al agua; entregado al ejército  infernal de las imágenes que sitiaban su estragada mente… patinando en la tembladera nebulosa de Solosueño.

(Amellastre)

Music:

Grief of the Mermaid by Vada

Album Tunguska Summer Solstice Vol.1

Tunguska Electronic Music Society