Qué increíble es, lo que un roce de manos, puede llegar a hacer. Qué bello resplandor emana de su piel, ahí, cuando estamos tirados bajo la sombra de los árboles, yo en su regazo y el acariciando mi cara…un resplandor de vida, de felicidad que hacía tiempo no miraba en él.

¡Qué alegría! poder estar entre sus brazos de nuevo, poder verle a los ojos y encontrar mis sueños, y en mis sueños tenerle de a noche, en mi realidad tenerle de a día. Usted, espero me disculpe, querida Luna, pero él ha logrado desviar mi mirada de usted por las noches, y le veo el rostro por ahí entre las estrellas…

Se me escapaban ya los sentimientos, dejándome caer como si fuera de hierro…y él llegó de nuevo, para alborotarlo todo, y aquí entre el terremoto, yo le quiero.

Qué ganas de comerle la sonrisa, qué pavor de sentir el rechazo. Y aunque él al final se fuera, y quedara yo por debajo de mis pies ahogada en su ausencia, los recuerdos felices, las sensaciones que  él me regala día con día, valdrán la pena.

Qué bello es estar de este lado, y no allá, donde anhelaba tenerle. Y ahora si que me quedo sin palabras, cuando el profundiza en mis ojos y con una sonrisa torcida me dice de su amor. Y su sonrisa, esa tan sincera, tan del alma, que le llega hasta los ojos, me tiene enamorada.

Dulce amor, no te vayas, no me dejes, no te escapes con mis sueños que yo ya a ti me entrego. Mira ya que lejos has llegado, que me has hecho hablar del amor y sus encantos…

Dulce amor,no eres mi prisionero, eres libre porque amo tu vuelo, pero mi amor, yo siempre anhelo tu regreso.

(Krissia Quesney)