Al partir con mis sueños y su agrario equipaje
de raíces y polvo, tendré que despedirme
de las huellas dejadas y su sed de estaciones
ya que tal vez mi viaje no admite los retornos.

Me encontraré desnudo del calor de la tierra
y han de llenar mis huesos blancos mantos de frío
que serán, poco a poco, mi epitafio perfecto;
la primavera muerta beberá de mis dudas.

Y entre grandes ciudades andaré como un zombi
aplastando quimeras y viejas utopías;
mi horizonte perpetuo, pobre lienzo olvidado,
se quejará del verso que perdió sus colores.

El gran templo sagrado del jaguar majestuoso
seguirá vigilante a los ciclos celestes
y la ancestral plegaria su ruta hacia los cielos,
mientras de Chaak evoca su milagro de lluvia.

Campanario de verdes y florecidos campos,
ternura de semillas habitando los surcos,
prodigio de mazorcas en las bocas hambrientas,
cafetales bermejos que dormitan celajes.

Cuando llegue la cruda nostalgia con sus llantos
regaré los resecos campos de mi destierro,
y mi agrario equipaje de raíces y polvo
devolverán al sueño su color de estaciones.

Tus labios de vestigios han de besar mis ojos
mientras vamos tejiendo una nueva promesa;
tus ojos sin estigmas copiarán el prodigio
de la espiga que nace en medio del asfalto.

(Ricardo Gálvez)