Poesía

Hoy las sábanas
luchaban con el cuerpo friolento.
Masa abandonada en las fetales aguas
de la soledad y el olvido.
Nada se sentía.
sólo el canto siniestro
de la paloma de la virgen
con sus marcados acentos.
Luego, la cotidiana rutina.
El baño. Los libros.
La destemplada guitarra
y el Colegio.
¡Bruma lejana y espesa!
¡Espacio deshabitado!
¡Sombra caminante y vaga!
¡Pesadilla de los recuerdos!
Por fin sé que te has ido:
con tu voz, con tu risa,
con ese olor de hembra
siempre deseante…
Ahora, en confesión, me digo:
¡Amor es olvido!

(Amellastre)