Cenáculo de poetas
en sus ceñudas disquisiciones.
Alguien que pasa
lanza la astilla suelta:
¿Por qué sois poetas?
El grupo sobrecogido
empieza a escamar
la recóndita esencia…
Yo- dice el primero- porque
sufro.
Yo-responde el segundo- porque
sueño.
Yo-exclama el tercero- porque
siento el infinito.
Yo- interpela el cuarto- porque
pienso.
Yo- repone el quinto- porque
creo.
Yo-intercede el sexto- porque
no soy.
Y esta peña dialéctica
hizo blanco en el colmillo
afilado de la presunción.
Entones, se acabó el cenáculo,
¡y reinó la Poesía!

(Amellastre)