Poesía

¡Pueblo manso!
Hace días el miedo empezó
a dar coletazos de furor
en la nívea conciencia
de tus hijos castos…
Con luctuoso plumaje
y pico amaestrado,
ha ido urdiendo
con invisibles hilos
sus colgantes nidos.
En las ramas secas,
en los alares enteleridos,
en las almas devotas
y en los enjutos pechos
de corazones oprimidos.
Y estamos mudos
con nuestra voces en río.
Callados detrás de las trincheras
de pensamientos bravíos.
Estamos atados de manos y pies
delante del sacro altar
del promitente Crucifijo.
Hincados en las ardientes piedras
de un castigo inmerecido.
Estamos amordazados
con los sucios pañales
de quienes no nos quieren vivos…
Pero estamos esperando
con paciencia y sigilo
que llegue la Hora de todos,
como Quevedo dijo,
en que se voltee el cotarro
y se enderecen los destinos.
Para que se acabe el insulto
del falso lenguaje instituido,
la amenaza solapada pierda su brillo
y se pueda soñar, respirar y volar
un cielo de pájaros encantados
con azules trinos.
(Amellastre)