poesía

Señora, cada poro, cada palmo de piel,
cada trazo extendido de su cuerpo distante,
es violenta ternura sobre mi mar de sueños
y mis venas presienten un corcel que se agita.

Así viaja mi cuerpo para encontrar el timbre
voraz de su campana, mientras breves suspiros
se escapan de su boca de corales sedientos
buscando está mi boca plenilunio sin pausas.

Trencemos en el tango nuestras pieles hambrientas
celebrando las rosas que llegan con la espuma
de este mar inventado, danza de tibios muslos
que tiemblan en mis manos de fantasma encendido.

Quiero beber aromas en sus pechos convulsos
mientras voy desatando la humedad del vestido,
dédalo corredizo que esconde los corozos
y su fruto aromado de sudores que laten.

El áspid de mi lengua buscando está la fuente
en cada poro tibio en la piel de su espiga,
mis veleros errantes recorrerán las ondas
ocultas de su cuerpo, grabando nuevos signos.

Cuando el alba despierte me encontraré desnudo
soñando claridades y mares inventados;
La pleamar, señora, protocolo vigente
de las grandes pasiones, cambiará sus horarios.

(Ricardo Gálvez)