Simple como ninguna y siempre atenta,
siempre buscando sitios donde queden
retazos de humildad,
de voces que conocen que lo indigno
jamás podrá mostrarnos
a la silueta verde que sostiene
un laurel sin redobles de latones.

Simple como la palma de tu mano,
sin dibujos,
sin señales que dejen en mi frente
otra señal de cedro que se rompe,
otro decir palabras que no visten
su simpleza de humano
ni la sencilla voz de los no dioses;
libre raíz anclada en mi cintura,
en mi pecho,
entre cada vereda de mis días.

Qué le debo cantar a los engaños,
a las bocas con hambre,
al destierro del hombre en la miseria?
Debo quizás pedir a los sin lumbre
que por hoy me disculpen estos versos
y estas mis ganas locas de llenarme
los bolsillos con sombras?

Qué debo responder a los que miran
con pavor el fantasma de mi hombre?
Debo decir acaso que dispuse
la palabra más bella en los mercados,
y que nunca pensé que era morir,
viviendo una blasfemia,
eso de mutilar todas mis voces?

Simple valga esta voz y sea ruta
donde trenzar sudores con destinos,
sencilla se derrame por los parques
y duerma bajo pasos a niveles,
como cuando era mínimo amuleto
ese correr en medio de cartones
y timar a la muerte, pobre muerte,
con la visión macabra de otro mundo.

(Ricardo Gálvez)