Tú,
pobre víctima,
atrapada entre luces,
portafolios, promesas;
las mismas que han tratado de cazarme,
yo me opongo.

El cuchillo
soltó toda su furia, y no pudiste ver;
hoy en tu corazón
corroen los gusanos cuando hojeas la prensa
y en su página roja ves esa sombra lívida
que murió calcinada en “La Esperanza”;

en tu memoria
calla el juez mientras ríe
la fiscal con cinismo,
profetas de papel sellado
sueltan entre tus dedos unos blancos presentes,
tú murmuras y dejas
la sala que se pone con tu ausencia más fría.

Que tu pecho se cure de ese lastre,
de la crudez nocturna y sus borrones y la visión del diario,
y la sala de audiencias y la fiscal que ríe,
para siempre.

Hoy me vivo en tus piezas,
haz donde este futuro
profeta de papel sellado bebe ansioso
la sombra que le falta,
hijo espurio y de sangre que acecha en las esquinas.

(Ricardo Gálvez)