Pobres nuestros poetas, pieles rojas ajadas,
esquimales sin dientes, huasos llenos de sombras,
aztecas donde anidan Moctezumas enfermos,
pupilas que persiguen su roto Machu Pichu,

mayas que se perdieron en la rueda del vicio,
gauchos de torvos rostros añorando la pampa,
amazónicas voces que olvidaron sus verdes,
blancas risas de negros del África robadas.

Dicen que somos torpes bandoleros de sueños
que vamos pregonando los símbolos de piedra;
dicen que nuestras huellas trocaron en exilios
y altares que no tienen destinos ni raíces.

Qué grandes mis poetas, ancestra levadura,
tequila clandestino que sigue sin patente,
novelas sin galanes ni divas fabricadas,
estética del suelo donde canta la vida.

Comunidad de locos que no sabemos nada
de montes donde dice el cisne sus sofismas,
solo vamos cantando los sudores dejados
en busca del milagro del pan y de los peces.

Y por eso nos aman los que llevan el hambre
en sus rostros gigantes de americanos potros,
porque somos ancestros custodiando el futuro
y ariscos ante el yugo de la palabra esclava.

(Ricardo Gálvez)