Plenitud de septiembre.
Sol abrasador de incendios
y sirenas en caravana.
Los palcos, hervidero de colores,
bailaban,
al ritmo del sincopado porro viejo.
El ruedo caminante suspiraba
detrás de los vallados.
Las bestias, en contrapunto de pasos,
aguardaban airosas la arriesgada picada.
De pronto saltó el astado, con furia de pólvora
y cara azufrada.
Yo corría, cola al viento, entre gritos y risotadas.
Entonces, con resolución, di media vuelta…
Ahí estaba el animalejo traidor de las mantas.
Con rabia lo tomé de los cuernos
y lo amarré a la cachibarba.
Vi así una imagen borrosa.
Un recuerdo perdido entre las sábanas.
Era la angustia cual virulentos gusanos
de mariposa disecada.
¡Oh bella faena de sangre y arena!
¡Obscura tarde desacralizada!

(Amellastre)