Paisaje,

obscuro paisaje de rumores… Las turbias aguas del legendario río siempre arrastrando impurezas, despojos de muerte.

El gran abismo que oculta sus fauces de fuego detrás de la blanca niebla y promete sueños de luz.

 Las colgantes enredaderas, con su manto de sombra tejiendo el vestido nupcial a la enhiesta montaña,

mientras la alimaña inocente se desliza, dueña de su instinto.

La fría cascada, serpiente de cristal abriéndose paso entre la hierba para donar su veneno salvador a la sedienta prole.

Así iba en los brazos del sueño, aquella noche de parto divino, cuando, cansado de andar y desandar, de huir y atacar, llegué a la fuente primordial.

Entonces, fui desbrozando, con seguridad y cuidado, el abrupto paisaje. Y vi, como en una visión radiante, la vedada gema.

¡Limpia verdad! ¡Oh belleza negada!

(Amellastre)