Aunque usted no lo crea, mi corazón le entregué, en rebanaditas de color, a una ninfa. ¡Qué espectro de matices! ¡Azules, verdes y rojas! ¡Blancas, negras, amarillas! ¡Pardas, moradas, lilas, rosas, grises y uvas!

En uniforme desfile le fui entregando, gota a gota, fibra a fibra, toda la sangre, todo el hálito, todo el amor, tibia flor de la vida. Ella, visión mágica, maravilla de carne, músculo vibrante, se congraciaba en su fiesta gastronómica. Y se reía, y danzaba, y daba al viento voces de eufórico embeleso.

¡Cuánta felicidad en servirla! ¡Cuánta ilusión de paraíso! Corrían las fuentes, trinaban las aves, silbaba el viento extrañas melodías… Y la luna se desgajaba en ramos de luz.Todo bendecía aquella solemne entrega. ¡Oh acto libre y pleno!

Mas de pronto, aquella imagen divina, la creación fabulosa del deseo, se transformó en máscara grotesca. El apolínneo perfil se convirtió en menguado títere de vulgar teatrino, y la roja sonrisa, llama de ensueño, en disecada mariposa.

Gordos y ondulantes, caminaban los gusanos por su cuerpo, nadando en la poluta sangre, bebida de mi ofrenda. Sentí miedo, y quise correr, pero de nuevo estaba prisionero en tus brazos,¡oh mujer! Y entonces desperté…

(Amellastre)