El ruido de las fichas se hacía más ensordecedor a medida que la partida avanzaba hacia el final, y los contrincantes, toda vez que se presentaba una jugada decisiva, aprovechaban para calarse un nuevo trago de aguardiente.

     -¡El dos!- cantó quien llevaba la mano del juego.(Silencio…muecas…miradas furtivas…).

     -¡Fichas!-solicitó el hombre de turno. ( Acceso de tos…cómputos…lenguaje amañado…). Al fin, mostrando el revés de su empuñadura, dijo:

     -¡Cinco pintas negras! ( Escozor…tragos…apagón repentino…).

     -¡Ganan!-respondieron con rabia los adversarios. Pero antes de entregar, advirtiendo que las pintas que acumulaban alcanzaban para baza, buscaron la alternativa de una barra cabrona que desdijera la lógica del juego.

     -¡Garitero, una dama al destape!-pidieron engallados los vencedores.

     -¡Paren!- interrumpieron los ardidos. ¡Aquí hay macho rucio, no josen!

     -Tal mala jugada la cometió intencionalmente uno de ustedes, no frieguen…pero nos pagan…si ni tienen blanca les prestamos…nosotros jugamos muy serio…¿Cómo?…no sean tan lacras…si ustedes fueron los de la celada…desde hacía rato que les veníamos chequeando la postura seriota…dizque haciéndose los mansapalomas para cruzarse señas, ¡ah!…acaso somos tan pedejos para que nos beban el ron robado…ustedes verán…si quieren les pagamos a la diabla…así sabemos quién orina más lejos, ¡carajo!-dijeron ripostándose.

Y no hubo más que discutir. Cada león midió su buen cordero y se enmanojaron en qué tropel, madre santa, que no quedó ni dominó, ni sillas, ni mesa estrenada, y parecía un desperdiciadero de mercado donde los animales se pelean por disputarse un pedazo de vida, pero aquí por defender una media de licor que en verdad se debía, sólo que había que ser tan machos que,”quien le gane a uno en el tablero debe doblarlo prestidigitando, si no para qué tenemos éstos pantalones puestos, para qué roncamos como bundes, para qué éste bosque de pelos en el pecho, no jodan!” ( Sangre…llanto quejumbroso…bolillos…).

     -“¿Quiénes son los aparateros?”

     -Vá-yan-se-s- fre-ír tor-tas, cer-dos- en-go-rra-dos! ( Palidez…torpezas…silencio sepulcral…).

“¿Usted, mi general?,yo.¿A quien todo el pueblo respeta?,yo. ¿El hombre al que la patria esculpe hasta en sus más apartados rincones?,yo. ¿El de la carta mágica para los asuntos conflagratorios?,yo. ¿Quien esputa lingotes de oro?,yo. ¿Quien más sueños espantosos tiene?,yo. Yo-o-o, quien declaro libre el día de hoy, en honor de la primera riña de dominó que yerro en un torneo de naciones!”

El general desapareció como un fantasma perseguido por un ejército de fichas doradas que se desgranaban estruendosamente, cerrándole el paso. Se paró frente a un monumento y se quedó dormido, dor-mido, dor-mi-do…( Ruidos…oscuridad…)

(Amellastre)