HAY UMBRALES DE TIERRA

Llegan tus pasos de gacela confusa;
hay umbrales de tierra que acechan,
anhelantes, el calor de tu cuerpo
y la música de tus labios que se abren.
Cada rincón de mi cuerpo disperso
sigue preguntándose dónde queda tu orilla,
dónde queda tu soleada fragancia,
la vespertina lumbre de tu piel
que se agita, retozando en las frondas,
mientras el trino se aleja a su nido.

Cuando veo el milagro del agua
que hace crecer las espigas, triunfales,
temblando en las flores dormidas
como una pupila dispersa mil veces,
presiento que algo divino ha escampado
en el lugar preciso del miedo,
en la jungla de un pecho que grita
cuando la noche deja correr su imperio
de sombras, de silencio, silencio convulso
que araña la sangre y hiere los huesos.

(Ricardo Gálvez)

 

 

ME BASTA TU CARICIA

Me basta tu caricia,
me desviste,
me descubre de dudas
cuando cala la sangre en los recuerdos;

cuando todo reclama
ese partir de nuevo hacia las mismas
estaciones de guerra y de presidios,
mientras todos los rostros
se pervierten al ritmo del asfalto.

Me bastan tus caderas,
me aprisionan
en un vasto momento donde dejo
de sentirme perdido;
en un momento eterno que es la risa
suspendida en tus poros.

Y crezco entre tus muslos
para nacer de nuevo
a esta realidad que me sorprende
con la frente mojada,
y el frío
que se pega a los huesos.

(Ricardo Gálvez)

 

 

PERFUME DE MUJER

Profundidad de aromas y visiones y pétalos,
estampida de soles en la clara mañana,
desnudez de tonadas en la fuente del beso,
campanario de trigo que resuena en la tarde.

El milagro del fuego quiere parir sus panes
y el milagro del agua su madeja de peces,
al final son dos signos que se copian los rostros,
que se tocan las manos, trocándose horizonte.

Las iglesias elevan su cándida plegaria
de inciensos derramados y el silencio se rompe
con los mínimos pasos que llegan desde el Este
por la ruta del viento, la claridad se acerca.

Pregonera del sueño, crecido con las horas
donde los universos comenzaron su viaje
de pulsares y estrellas, de galaxias y espacio,
la claridad desata sus corceles azules,

y es entonces que rompen las olas su escultura
de espumas y de sales sobre tu cuerpo limpio,
que derrama su aroma de mujer extendida
como una mariposa sobre la piel del polen.

Perfume de mujer abierto como un atlas
en los versos que llegan desde cielos lejanos,
aroma de trigales derramado en el lienzo
que sostuvo la pluma de tus manos de seda.

Perfume de mujer oculto en direcciones,
estampillas y marcas, pergamino que llega
a mi color de ancestro con una voz potente
disuelta entre sus pliegues de mujer dilüida.

(Ricardo Gálvez)