Una vieja mirada, campana que bosteza,
dejará que los trinos del invierno se fundan
a su ritmo de grises y cansados cristales
para que otras pupilas puedan ver su reflejo.

En los parques las sombras van dejando retazos
de olvidadas pasiones y besos sin destino,
madera triturada que al calor de la hoguera
dejará ver su fondo de leyendas cautivas.

El metal de las cruces hace mucho que busca
una rosa que tiemble, como boca de fuego,
en los labios cerrados por el beso del odio
porque sabe su grito escondido y sangrante.

Ese cobre corrupto tiene rugido y muerde
y la voz fermentada por temblores de piedra,
sabe que en los rincones donde moran las sombras
su pulsar apagado brillará como el oro.

La belleza repasa sus pinceles heridos
mientras la sangre pide el calor de la tierra;
desdentados y sucios, con el frío en las manos,
dos ancianos agitan al corcel de su muerte.

Corazón de jilguero, arquitecto de luces,
solitaria gaviota que precisa de mares
donde tender su canto y robarle al oscuro
la potente semilla de una palabra nueva.

Sigue, clara paloma, inventando destierros,
deja que los cristales de las iglesias copien
en su vientre bermejo tu mirada que busca,
en las cuencas del tedio,los secretos del trino.

(Ricardo Gálvez)