Ahora estás aquí, y pienso en ti lejana y te toco. La poesía que se filtra en las ausencias y los caminos cada vez más gigantes, imprecisos, mientras la niebla deja su beso de frío entre los huesos. Tantos pasos en el polvo gris de las veredas! Tanta historia no contada en la maleza que se extiende, violenta, hasta abrazarme, mientras espero a que amanezca y el miedo se diluya entre los rostros cubiertos de mañana! Luego otra vez a una realidad cubierta de cenizas, pero sangrante, y la muerte que te hace sentir otro hielo que se hospeda en los costados. Así pasa la vida a través del recuerdo en este hoy, con dos labios que se abren y me dicen “Despierta”.

Vayan hasta la sombra los que dicen
que esta virtud de ser uno y su rostro,
debe partir al negro del recuerdo
y quedarse sin nombre en los abismos.

Yo te pensé fragante y te dispuse
en mis tristes altares y en mis días,
y disfracé caladas cicatrices
para verte correr entre mis campos.

Todo el calor de mayo supo hundirnos
sus pregones de tierra y de florestas
desde los crucifijos del silencio
para vernos surgir sin ataduras;

y ahora crece pan y crece savia,
savia que no conoce de monedas,
de leyendas gastadas por los siglos
y amaneceres rojos en las tumbas.

Vayan los pregoneros de la muerte
hasta la copa rota del olvido,
vayan con su grandeza de fantasmas
y apacienten febriles golondrinas.

Yo te busqué desnuda en mis alturas,
como una estrella triste en los espejos,
y descubrí cantando a mis heridas
entre tus muslos firmes, sin colores.

Y ahora digo carne y digo hueso,
y digo la violencia de la ola
mientras rompe paredes que asemejan
esas extrañas manos que asesinan.

(Ricardo Gálvez)