Mucho tiempo en ti hace mi tiempo, y así me encuentro en el origen. En ese espacio limpio de zarpazos y muertes. Ahí me vivo y voy creciendo. Anclando mis raíces hasta el centro mismo de la dicha de estar alegre y tremendamente agradecido con la vida. Un beso entonces, un beso que nos guarde, por ahora y siempre, de la garra. Y un poema en este día de frío.

Vertiente azul, plagada de armonía,
son los cristales de tus labios santos,
pájaro simple que al amor me guía
liberando su flecha de mil cantos.

Ritmo de paz, viajero sin destino,
flotando libre en medio de la vida,
remanso y corazón en el camino
latiendo firme al centro de la herida.

Verso de savia y de color pagano
que devoró con besos mis querellas,
blanca guirnalda de latir ufano
deshojando en el sueño sus estrellas.

Disuelta voz llegando con la tarde
para besar mis ojos con su trino,
lengua torcaz, sediento cuerpo que arde,
tierno mirar, lucero vespertino.

Cuando me llegan los sonidos tuyos
todo se enciende en los altares míos,
se derrama mi copa de cocuyos
y el corazón se pinta desafíos.

Por eso lanzo mis errantes versos
a tu camino de vitral sagrado,
por eso tallo nuevos universos
en la madera de tu ser callado.

(Ricardo Gálvez)