pandilleros, maras y realidades

photo by Victor J. Blue

Y tú querías esas letras, todas,
en tu cuerpo y tu mundo, todas juntas,
como un símbolo, como un dato
de que la vida te traspasa mientras mueres, mientras sabes que todo
deja su rojo timbre entre sus pliegues, entre todos sus cuartos,
entre todas sus horas,
en la misma miseria que dispuso de un patio gigantesco
para verte correr de los garrotes, a correr de tu padre,
de tu madre y su crack entre los dientes,
de tu hermano que había cosechado fracasos.

Pero tú no sabías de las rejas,
del *tabo que te deja cagando en los rincones
con un temblor de días, de años rotos,
de pez que se estremece porque sabe
que no tendrá jamás una tranquila
y luminosa noche que lo cubra;
tú no supiste nada de los otros, de los que transitamos por la muerte
con un beso de sangre en nuestras jackes.

Pues bien,
que nos grite el recuerdo de tus tripas al aire,
de tu falta de tino para tocar mujeres, homeboy malo, desnudo de ternura,
que me grite el recuerdo de tu barrio, de mi barrio sin letras,
mi visión de pobreza que destapa unicornios de alcohol en las distancias,
mi caricia de padre que prefiere esconder a su savia, desterrarse en el pecho
de una hembra que sabe lo que cuesta estar viva;
que me grite la sangre entre mis manos
y tu grito y mi grito, danzando en las aceras,
mientras la lluvia borra tu visión de fantasma.

(Ricardo Gálvez)

*tabo=prisión