¿Recuerdas?
Yo recuerdo la tarde en tus ojos azules.
Sus veleros de fragua, deshojándose simples,
habían atracado en tu cabello suelto
cual minúsculos labios, y un sin fin de galaxias
en tu boca tenían desvestida la risa.

En mis manos, en cambio, aullaban las horas
y eran sombras mis ojos hospedando temblores;
era el miedo que suda un montón de veredas
donde crecen historias sobre pueblos heridos,
habitante de un mundo de pegasos enfermos.

Recuerdo.
Yo recuerdo tus manos,
la aridez de mis labios detenida en su copa,
la mirada del guardia, los papeles, sonidos,
y esas cosas que obligan a cubrirse los nombres,
recuerdo lo mas mío, lo mas nuestro,
de lo hermosa que estabas, danzando en la memoria,
mientras todos los muros trituraban mi rostro.

(Ricardo Gálvez)