No hay como el día con sucesos imprevistos para enredarse una historia y ser protagonista….

¿Te ha sucedido que, en ocasiones, cuando te levantas y te diriges al baño, lo primero con lo que te encuentras es que al accionar el grifo de la regadera, solo escuchas un zumbido burlón y el preciado líquido no aparece? Entonces, sin más remedio que obviar el baño diario, te vistes con una especie de desagrado y desilusión con los primeros trapos que encuentras en tu perchero y sales disparado a tu trabajo, sintiendo la sensación de ser observado por el compañero de asiento del autobús.

Cuando llegas a la oficina tu jefe te lanza una mirada inquisitiva, un tanto sorprendido quizás porque has llegado más temprano que nunca a tus labores y un tanto desaliñado. No te pusiste esa loción que tanto te agrada y que al subir el sol esparce por todo el lugar un aroma a dulce de menta y chocolate olvidado por más de un siglo, y que siempre creíste que era del agrado de tus compañeras de trabajo. Tus compañeros por prudencia y discreción jamás te han dicho que huele horrible. Tampoco has tenido tiempo para vaciarte la mitad del recipiente de fijador en el cabello. Sí, ese mismo producto que al deslizarse por efecto del calor, hace brillar tu rostro de una forma extraña, mientras todos piensan que padeces de algún mal incurable que te provoca fiebres intensas, algo así como malaria. El nudo de la corbata a medio hacer, que más bien parece que acabas de llegar, no a una oficina, sino a un bar y te pones cómodo. No te has percatado de tal situación y eso te favorece, y emprendes tus labores con más bríos que un animal salvaje mientras el jefe, siempre inquisitivo, se pregunta en sus adentros de cual habrás fumado o si pretendes, nuevamente, pedirle el temido aumento.

Al retornar a casa te pones cómodo, pero solo te cambias los deslustrados zapatos por un par de sandalias parecidas a esas que se calzan los profetas en las películas que evocan tiempos antiguos, y que tú aprecias tanto, en especial por las grandes melenas que se dejan caer sus personajes. Sales a la acera de tu casa y puedes ver que otros ojos estaban esperando tu regreso. Pero a esos ya no les importa tu facha, a fuerza de verte todos los días se han acostumbrado a ella. Rozando con sus lenguas la rutina del vecino te han clasificado en el rubro de los raros, los que apenas saludan y se desvelan todos los días en juergas y orgías que ellos imaginan, y te creen un degenerado.

La vecina de la tienda junto a la gorda que te vende las tortillas cuchichean, hilvanando otra historia en la que por el momento no tienes cabida: La mujer del diez, la que no hace más que cuidar que por su patio no pase nada desapercibido en cuestiones de amoríos, ha sido sorprendida en falta con el vecino del catorce, el que golpea a su mujer cuando se emborracha y tiene un expediente policial con tantos folios, que una camándula de las que usan las vecinas encargadas de administrar las sagradas novenas se quedaría corta. Dicen que al susodicho Romeo lo vieron saltar a través del muro del vecino del doce, un policía retirado  que siempre anda pensando como deshacerse de los perros de la cuadra, así como de los niños que juegan a la pelota en la calle, argumentando que le roban el sueño, y que perros y niños son una plaga que es necesario erradicar para siempre del barrio.

Entre tantos ojos y tantas historias te sientes como en éxtasis, no pierdes ni un gesto por insignificante que parezca. Contemplas la vida que pasa ante ti como un torbellino y una especie de colmillo de vampiro dispuesto a saciarse de lo que encuentre a su paso. Regresas a tu cuarto,  y desde allí les das las gracias a esos pequeños eventos de este día. Y te cagas de la risa cuando sobre el papel empiezan tus garabatos a revivir la expresión del jefe en la oficina, de la secretaria del jefe y su falda minúscula que te entretiene con la visión de sus mágicas y bien formadas piernas, la voz de pozo de la vecina que te dice “buenas tardes” y la gama de imágenes que llegan hasta tu retiro, solapadas e inquietas porque les des vida, bicho raro que apenas saludas y te desvelas en juergas y orgías que tus vecinos imaginan.

(Ricardo Gálvez)http://www.ivoox.com/musica-new-age_md_1690333_1.mp3″