Mi luz primigenia se esfumó,
Entre siglos de segundos y minutos,
Que apuraban testarudos,
Las tinajas del viento…

Torrentes eclipsados,
Por la paz y su ausencia,
Por el vacío en el cauce,
Por la imposibilidad del firmamento..

Mi luz se estremeció sin esplendor,
Agobiada por músicas ajenas,
Que sorbían insaciables,
Los viñedos recónditos,
Del cielo azul y profundo…

Furias plausibles,
Ondearon portentosas sus notables esfuerzos,
Al paso quieto del séquito presuroso;
La calma se aferró a la tímida luz,
Los lobos aullaron de nuevo,
Como en aquella fase de la luna,
Cuando yo clamé con un rabioso coro de lobos,
Una oportunidad para mostrar mi luz..

La nota que dejó mi madre bajo mi tierno brazo,
Ofreciéndome en sacrificio a los dioses del porvenir
Perdió vigencia y los misterios fueron escombro;
Hombre fui, que clamé por el amor bajo la luna soberbia;
Y sucedieron irredentos todos los torrentes,
Quedando de ellos apenas,
Un lastimero fuelle..
Mi voz perdida entre ellos
Mi amor deshecho entre las patas de los lobos..
Que no comprendían porque aullaban con más rabia..

Mi luz quiso ser luz,
Y no fue nada….
Desde entonces, cada vez que los lobos aúllan…
Los traviesos Gnomos se acuerdan;
Que una vez un hombre;
Clamó por amor
Pero el clamor
Se perdió entre la sinfonía de los lobos;
Así hoy día,
Cuando el enamorado agudiza el oído,
Y logra escuchar de entre la sinfonía de los lobos,
El nombre de su amada que aquel hombre deslizó,
En oración y tormento..
Seguramente solo estará agregando,
El nombre de otra mujer amada….
En la imposibilidad del firmamento;
Que se los lleva entre las tinajas del viento,
Que crecen entre los viñedos del cielo azul y profundo.

(Carlos Elías)