TUVE DUENDES
poesía

Tuve duendes,
y tuve
en el tacto del cedro mil preguntas,
un pedazo de sol y la llovizna
y la humildad del suelo en las mañanas;
tuve un cristo, mi cristo,
el amor a las aves mientras juegan
a tallar la madera,
sin motivos.

Tengo montes,
y tengo
el olor de la pólvora en los puños,
una ciudad a cuadros donde quedan
las manchas del café, los amuletos,
las improntas de llantas,
las blasfemias al dios de los impunes,
los olvidos de nombres,
los gritados
al correr del metal por las arterias;

tengo noches que sudan,
noches en vela huyendo de los otros,
buscándome, mirando
a través del cristal de los recuerdos,
a través de las lápidas y cruces;
tengo esto,
tengo estas manos rotas y esta mueca,
este rodar por todas direcciones como un ladrón sin rumbo
con un signo de alambre entre las carnes;

tengo, a pesar de todo, la vida que palpita
entre el regazo abierto de mi hembra
y allá, allá en el fondo de mi abismo
una luz pequeñita que cabalga.

(Ricardo Gálvez)