En el ojo del mundo, ciclón ardiente,
me descubro desnudo, tatuado de nostalgias
que beben los recuerdos y su timidez blanca;
ahí, en pleno centro del miedo,
soy la mirada honda, escrutadora,
la voracidad de las risas sedientas,
sudores helados y fantasmas,
en el ojo del mundo, ciclón ardiente.

En la banca de un parque, soledad cruda,
me distraen los ruidos, pensamientos convulsos
que buscan las promesas de la fuente del beso;
ahí, donde crecen las ansias,
soy la garganta cansada, calculante,
la sombra ahuyentando al cuerpo,
sonrisas perdidas y perros;
en la banca de un parque, soledad cruda.

En la noche más tensa, espada de hielo,
me llegan los temores, tristezas del loto
que añora su charca de tibios silencios;
ahí, donde anidan las sombras,
soy la silueta imperfecta, indescifrable,
la aridez de los sueños creciendo,
un cigarro encendido y escombros;
en la noche más tensa, espada de hielo.