Poesía

Cancerbero que vives cuidando los rituales,
orlados con serpientes de la medusa muerta,
sabes que no es posible deshojar ideales
cuando son habitados por la carne despierta.

La gloria que recorres no sabe del zarpazo
que viene con los siglos a devorar tu hambrienta
escultura de sombras y el origen del trazo
que te nutre de llantos e inocencia violenta.

El divino Tiresias no soporta las huellas
ni el hedor de los grises de tu cuerpo sin vida,
que tiembla entre la savia de todas las estrellas
de esas voces que buscan la palabra perdida.

Caronte que no sabe de óbolos gastados,
reclamará a tu lengua que canceles el viaje
por la voraz Estigia con los besos robados,
para que te sumerjas en su oscuro paraje.

La estética del buitre no conoce ese viento
que viene con los siglos a levantar cadalsos,
donde los versos vivos del que sufre sediento
serán la roca cierta que aplastará a sus falsos.

El águila dorada ya cesó de expandirse,
ya no cruzan los mares sus ávidas legiones
y los oros robados no alcanzan a fundirse;
Marco Aurelio está triste, ya olvidó sus canciones.

Y en nuestro continente vociferan las fauces
de lobos con aromas a muerte de profetas,
a sangre de cantores que ensayan en los cauces
del río de la vida su nado sin caretas.

(Ricardo Gálvez)