El desierto,
No solo es de arena y de rebeldes cactus:
El desierto oculta misterios milenarios,
Y enseña a la vista solo aquello que desea.
Así se ha encontrado,
En investigaciones empíricas,
De ensayo y error
Que el desierto vive,
Su sombra es un sol radiante,
Que lo protege – fiel vasallo-
Sus noches son tan inmensas,
Que no le piden prestado nada a los días:
Solo lo toman.
El desierto vive y esa quietud que nos ofrece,
No es tal – calma chicha – proceso lento.
Abraza todo apropiándose de su entorno,
Y de los seres que sin permiso le visitan,
Adorna su sala de estar con intrépidas combinaciones
De cielo, arena, sol y montones de blancos huesos.
El desierto toma corazones vivos,
Misterioso los devuelve inertes,
No hay imputación alguna
El precio se paga. El azar no ayuda.
El desierto tiene magia,
Llama a la gente sin flautas de hamelin,
Un llamado que solo los necesitados entienden,
Migrantes les llaman. – palabra bonita – vivencia maldita
Correntías de almas llegan al mar de arena,
En él se sumergen buscando la vida,
Bautizo y sacrificio, nuevo ritual de sincretismos divinos,
El desierto bautiza,
Da el camino a la vida
O mata,
Nunca invita
No quiere visita,
Solo le extraña
Que queriendo estar callado,
No le permitan estar en su estado.
El desierto obligado grita,
Expulsa a los indeseados,
Con la furia de los elementos,
Los migrantes, necesitados,
Siguen tentando la suerte, o más bien la muerte.

(Carlos Elías)